El empate 1-1 del Liverpool con el Sunderland en Anfield el 3 de diciembre fue más que dos puntos perdidos: fue un claro ejemplo de una temporada que se salió de control. Los actuales campeones de la Premier League, que alcanzaron la gloria con Arne Slot hace apenas unos meses, ahora se encuentran languideciendo en el octavo lugar, a nueve puntos del líder Arsenal.
El revés del Sunderland y lo que revela
El partido en sí fue sintomático de problemas más profundos: falta de vanguardia, incertidumbre táctica y creciente malestar entre los aficionados.
El disparo desviado de Chemsdine Talbi le dio al Sunderland una sorprendente ventaja a mitad de la segunda mitad, exponiendo la forma defensiva pasiva del Liverpool y su incapacidad para controlar las transiciones. El último gol del empate de Florian Wirtz, acreditado como un gol en propia meta de Nordi Mukiele, ofreció un alivio temporal, pero el desempeño general fue plano y sin inspiración. La leyenda del club, Jamie Carragher, lo describió como “muy, muy preocupante”, acusando al equipo de “sonambulismo” durante el partido. Incluso el heroico despeje de la línea de gol de Federico Chiesa en el tiempo adicional no pudo enmascarar la sensación de vulnerabilidad que ahora define el juego del Liverpool.
La decisión de enviar a la banca a Mohamed Salah por segundo partido de liga consecutivo llamó la atención. Slot lo presentó en el descanso, pero el cameo del egipcio no logró encender a un equipo falto de ritmo y confianza. Esta apuesta táctica, sumada a los continuos problemas de los fichajes destacados Alexander Isak y Wirtz, ha intensificado el escrutinio sobre los métodos del holandés.
La relación del slot con la jerarquía del Liverpool
A pesar de la creciente presión, Slot insiste en que conserva la confianza de Fenway Sports Group (FSG) y del director deportivo Richard Hughes. «Siento la confianza», dijo a los periodistas tras la reciente humillación de la Liga de Campeones contra el PSV, destacando que las conversaciones con la jerarquía siguen siendo «normales» y de apoyo. Fuentes cercanas al club confirman que su posición no ha cambiado oficialmente por ahora, incluso después de una racha de nueve derrotas en 12 partidos, la peor secuencia desde 1953.
La estructura de liderazgo del Liverpool, renovada después de la partida de Jurgen Klopp, fue diseñada para brindar estabilidad. Michael Edwards regresó como director ejecutivo de fútbol, con Hughes supervisando el reclutamiento y la estrategia. Slot opera dentro de este marco, comunicándose principalmente con Hughes mientras recibe comentarios ocasionales de los altos mandos de FSG. Este modelo refleja la renuencia histórica de los propietarios a tomar decisiones instintivas, pero la paciencia no es infinita. Como dijo una fuente: “Los resultados, no la retórica, calmarán la tormenta”.
Sin embargo, la óptica es preocupante. La frustración de los fanáticos se está desbordando, amplificada por las imágenes de Slot sonriendo con el ex capitán del Feyenoord, Lutsharel Geertruida, después del empate del Sunderland, un gesto que provocó indignación en las redes sociales. Si bien esos momentos pueden parecer triviales, alimentan una narrativa de desconexión entre el entrenador y el latido emocional del club.
La crisis más amplia: forma, finanzas y futuro
El declive del Liverpool no se limita al terreno de juego. No clasificarse para la Liga de Campeones podría costarle al club hasta £80 millones en ingresos, un abismo financiero que los analistas describen como “dinero estilo descenso”. Este riesgo se ve agravado por un desembolso récord durante el verano de casi £450 millones en nuevos fichajes, incluidos Wirtz e Isak, cuyas decepcionantes contribuciones han generado duras críticas.
Los números son claros: tres victorias en los últimos 14 partidos en todas las competiciones y un récord en casa empañado por derrotas ante Nottingham Forest y PSV antes de la enérgica exhibición del Sunderland. Anfield, que alguna vez fue una fortaleza, ahora se siente penetrable. Slot insiste en que el estadio no ha perdido su “factor miedo”, pero incluso él admite que los oponentes se acercan al Liverpool con una confianza cada vez mayor.
Tácticamente, el equipo parece desarticulado. Carragher sostiene que Slot “no conoce su mejor XI”, señalando rotaciones constantes y una falta de cohesión en ataque. Las lesiones han influido (las ausencias de Jeremie Frimpong y Conor Bradley han dejado al lateral derecho como una posición problemática), pero el malestar es más profundo. Los reclutas con mucho dinero no han logrado integrarse y la intensidad de presión que definió la identidad del Liverpool bajo Klopp se ha evaporado.
Perspectivas para lo que queda de temporada
¿Podrá el Liverpool salvar su campaña? Las perspectivas a corto plazo son complicadas. Los próximos partidos contra Leeds, Inter de Milán y Tottenham ofrecen poco respiro. Cualquier cosa que no sea una fuerte recuperación podría obligar a FSG a actuar, a pesar de su reputación de estabilidad. Carragher, que alguna vez insistió en que “el Liverpool no es un club de despidos”, ahora advierte que Slot tiene “una semana para salvar su trabajo”.
La ventana de transferencia de enero se perfila como un posible punto de inflexión. Es posible que lleguen refuerzos, pero los problemas estructurales no se pueden resolver sólo con gasto. El desafío de Slot es doble: restaurar la confianza dentro de un equipo fracturado y reconectarse con una base de fanáticos que está perdiendo la fe. Su mantra (“Seguir luchando no importa lo difícil que sea”) suena noble, pero el sentimiento no lo protegerá de la dura aritmética del fútbol moderno.
Si el Liverpool no logra terminar entre los cuatro primeros, las repercusiones se extenderán más allá de las finanzas. El proyecto a largo plazo del club, basado en una participación sostenida en la Liga de Campeones, podría desmoronarse.
Para Slot, lo que está en juego es existencial. Fue contratado para llevar al Liverpool a una nueva era de sofisticación táctica y estabilidad. En cambio, ahora se encuentra al borde de una crisis que podría definir su mandato y tal vez ponerle fin.