En las últimas décadas no han faltado parejas atacantes de postín en la Juventus, delanteros que permanecen en la memoria del aficionado gracias a sus goles y sus logros con la histórica camiseta de la Vecchia Signora. Célebre fue la peculiar dupla italiana formada por Vialli y Ravanelli a mediados de los noventa, y ya entrado el nuevo siglo, el francés Trezeguet llegó a Turín dispuesto a no dejar redes sin batir en el fútbol italiano. Para ello no podría haber encontrado mejor socio que un Del Piero ya en la madurez de su carrera. Actualmente, los argentinos Higuaín y Dybala forman una peligrosa y complementaria delantera, en la que el ex del Nápoles hace las veces de ‘9’ mientras Dybala inventa como mediapunta. Sin hacer tanto ruido, el cuadro bianconero tuvo en la temporada 96/97 una pareja de delanteros que, aunque efímero, también tuvo su momento de gloria en el club, principalmente en Europa: eran los italianos Christian Vieri y Nicola Amoruso.

La Juventus había sorprendido al continente en 1996 cuando derrotó al Ajax en la final de la Liga de Campeones. Era ese Ajax que, entrenado por Van Gaal y con aquella magnífica generación de futbolistas, había derrotado al Milan un año antes y se había proclamado campeón de Europa, una victoria tan sólida como convincente en su fútbol: el juego vertiginoso de aquel equipo era condición ineludible para ganar. Tras, entre otras, la exhibición en el Santiago Bernabéu en la fase de grupos, todo hacía indicar que era firme candidato a repetir título, pero en la final se topó con la Juventus de Lippi, un equipo totalmente italiano al que no le importaban demasiado las formas para alcanzar la victoria. Jugadores como Deschamps, Di Livio y Antonio Conte poblaban un centro del campo en el que Paulo Sousa trataba de poner un poco de música, mientras que Vialli y Ravanelli era la delantera habitual con Del Piero unos metros por detrás. Pinturicchio era entonces la gran esperanza transalpina; el sucesor, nada menos, de Roberto Baggio.

Ravanelli, al que sus canas no hacían justicia a sus 27 años, adelantó a la Juventus en la final, pero Jari Litmanen firmó las tablas con las que se llegaría al final del tiempo reglamentario y de la prórroga, con lo que los penaltis decidirían al ganador: Davids y Silooy erraron sus lanzamientos, mientras que los de Lippi no tuvieron fallo alguno: la Vecchia Signora era por segunda vez la dama más distinguida de Europa.

Tras el éxito europeo, Vialli y Ravanelli decidieron emprender la aventura en Inglaterra: Vialli fichó por el Chelsea de Gianfranco Zola y Roberto Di Matteo mientras Ravanelli se marchó al Middlesbrough que lideraba el brasileño Juninho. Era necesaria una reestructuración en el ataque juventino, que sólo contaba con Del Piero y Michele Padovano, jornalero del gol que solía reemplazar a Vialli y Ravanelli. La Juventus fichó a uno de los mejores delanteros de la Serie A, el croata Alen Boksic procedente del Lazio, un gran futbolista que no tenía unos números espectaculares pero con buenos recursos técnicos. Llegaron además dos apuestas más modestas: Vieri, delantero de 23 años que había tenido un buen año en el Atalanta tras algunas temporadas en la Serie B, y Nicola Amoruso, que había marcado unos nada despreciables 14 goles en un Padova que se vio abocado al descenso. No obstante, el fichaje más importante estaba en el centro del campo: con Zinedine Zidane, que llegaba del Girondins de Burdeos, se fichaba a uno de los mejores jugadores de Europa para tratar de agregar más magia al centro del campo bianconero.

La competencia era fuerte en la delantera juventina: con Zidane en la mediapunta, quedaban habitualmente dos puestos en ataque y parecían tener bordados los nombres de Boksic y Del Piero, mientras que Vieri, Amoruso y Padovano se verían abocados a esperar su oportunidad en el banquillo. No obstante, Boksic no alcanzó el rendimiento que de él se esperaba, y Lippi rotó habitualmente la punta de ataque. Le convenció especialmente Vieri, cuyas características de nueve puro y corpulento diferían del resto de delanteros de la plantilla. No obstante, la figura de los dos primeros títulos de la Juventus aquella temporada sería Alessandro Del Piero: fue el ‘10’ el que marcó el gol de la victoria en la Intercontinental ante River, y guio al equipo en la Supercopa de Europa ante el PSG con un doblete incluido en la vuelta (se disputaba entonces a doble partido y en mitad de la temporada). La Juve se haría con el título con un abultado global de 9-2. Vieri y Amoruso contribuyeron a la victoria sobre el equipo parisino: Amoruso marcó en Francia y Vieri en Turín a pesar de que ambos salían desde el banquillo.

En Europa, Boksic comenzó bien su andadura en el club dando la victoria a los suyos ante el Manchester y el Fenerbahçe, pero paulatinamente perdió peso goleador en el equipo. La Juventus pasó con solvencia la fase de grupos como líder destacado, cediendo sólo un empate en Viena ante el Rapid con un empate a un tanto en el que Vieri marcó su primer gol en la competición. En cuartos se enfrentaría al Rosenborg noruego, habitual de un torneo que entonces sólo enfrentaba a los campeones de liga. La Vecchia Signora empató 1-1 en Trondheim con gol de Vieri, mientras que en Delle Alpi certificó el pase a semifinales al ganar 2-0 con tantos de Zidane y Amoruso. Los dos delanteros italianos, que parecían destinados a un rol secundario en el equipo, estaban siendo protagonistas en el avance del equipo en el torneo, pero lo mejor llegaría en semifinales.

Esperaba de nuevo el Ajax, que había derrotado al Atlético de Esnáider y Pantic. Era un Ajax que había perdido a piezas importantes: Davids y Reiziger se habían ido al Milan, Seedorf a la Sampdoria un año antes, Finidi al Betis, Kanu al Inter… pero la idea permanecía intacta. Comenzaba a destacar el extremo nigeriano Babangida y Witschge había regresado al club tras su periplo por Barcelona, Blackburn y Burdeos. Y en el Amsterdam Arena continuaban Van der Sar, los De Boer, Overmars o Litmanen: seguía siendo, en definitiva, un buen equipo.

Para la ida en Holanda, Lippi contó con Vieri y Amoruso en ataque. Eran dos delanteros que se complementaban bien: Vieri era más rematador, mientras que Amoruso tenía más técnica, arrancaba desde atrás y daba buenas asistencias. Tenían además buena amistad fuera de los terrenos de juego: en Italia decían que la habían trabado al pasar tanto tiempo en el banquillo.

El Ajax veía así su oportunidad de vengarse por la final perdida la temporada anterior, pero la Juventus conquistó Amsterdam: primero, una jugada entre Vieri, Jugovic y Amoruso terminó con remate de este último, y después, Vieri remató desde el borde del área para marcar el segundo. Litmanen acortó distancias para dar esperanzas a los ajacied para la vuelta, pero en Turín, la Vecchia Signora sería muy superior a los de Van Gaal. Boksic sustituyó a Amoruso en el once, pero de nuevo los delanteros italianos marcarían ante el equipo holandés en lo que sería un show de Zinedine Zidane. Lombardo marcó el primero y dio la asistencia para que Vieri marcase el segundo. Melchiot acortó distancias, pero fue un espejismo: Zidane, con esa elegancia tan característica, realizó una magnífica jugada que Amoruso, que ya estaba en el campo, mandó a las redes, y fue el propio Zidane quien marcó el cuarto y definitivo. Zidane era el solista en una banda que tocaba con precisión absoluta.

La Juventus se confirmó como la bestia negra de un equipo irrepetible. Sería el último año de Van Gaal en el Ajax antes de partir a Barcelona, y además fue aquella temporada la última en la que el equipo holandés llegaba a unas semifinales europeas. No obstante, si confirma en Alemania el buen resultado cosechado en Holanda el pasado jueves (2-0 ante el Schalke) en la ida de cuartos de la Europa League, volverá a semifinales de un torneo europeo veinte años después, demasiados para un histórico del continente.

El Borussia de Ottmar Hitzfeld esperaba en la gran final, en la que la Juventus era favorita para repetir título, pero de nuevo lo inesperado se abrió paso. Vieri y Boksic fueron los elegidos por Lippi para partir en el once, mientras que Del Piero y Amoruso esperaban en el banquillo. El equipo alemán hizo un partido muy serio y Riedle marcó dos goles en la primera parte para dar una considerable ventaja a los de Dortmund. Del Piero salió tras el descanso y acortó distancias con una maravilla, pero Ricken, el tapado de aquella final, marcó el tercero y definitivo del Borussia cuando vio adelantado a Peruzzi y elevó el balón desde fuera del área por encima del guardameta italiano.

Por el contrario, la Juventus recuperó el Scudetto tras haberlo ganado el Milan la temporada anterior. Los máximos goleadores del equipo en liga fueron Vieri, Del Piero y Padovano con ocho tantos cada uno: no eran grandes cifras, pero aquel de Lippi era ante todo un equipo. Conscientes de que hacía falta un goleador, ficharon al máximo anotador de aquella temporada: un joven Filippo Inzaghi que había marcado 24 goles con el Atalanta, mientras Alen Boksic emprendía el camino de vuelta a la Lazio tras no cuajar en Delle Alpi como se esperaba.

Vieri ficha por el Atlético

No existía en Turín la más mínima intención de desprenderse de un Vieri que había deslumbrado en su primer año, principalmente en Europa, pero apareció entonces el Atlético. Tras la oferta inicial, Luciano Moggi, director general, fue taxativo: “Vieri no está en venta”, pero un Atlético que quería volver a conquistar el título de liga dos años después del Doblete elevó su oferta a unos irrechazables 3000 millones de pesetas. Había costado 500 un año antes. Con el jugador ya habían llegado a un acuerdo, y el delantero italiano se convirtió en el fichaje más caro de la liga española, desbancando a Ronaldo.

Su temporada en el Calderón fue un espectáculo, marcando 24 goles en 24 partidos y confirmándose como uno de los mejores delanteros de Europa, pero sólo estuvo un año como rojiblanco: Vieri quería regresar a Italia y la Lazio ofreció 4300 kilos por él. Tras un año en el Olímpico de Roma, donde ganó la Recopa ante el Mallorca, se lo llevó el Inter por otra astronómica cifra. Pero a pesar de jugar en algunos de los grandes de Italia, Vieri nunca volvió a ganar la Serie A: sólo lo hizo como bianconero. Mantuvo siempre unas magníficas cifras goleadoras, pero estuvo seis años en un Inter que no alcanzó el título de liga a pesar de sus inversiones en grandes jugadores. En seis años en el equipo nerazzurro sólo ganó una Copa de Italia.

¿Y Nicola Amoruso? Permaneció dos años más en Turín en un rol secundario. Tras la venta de Vieri, la Juventus contrató al uruguayo Fonseca procedente de la Roma, pero su paso por Delle Alpi fue muy discreto. En cambio, Inzaghi sí que cuajó en las cuatro temporadas que estuvo en Turin antes de marcharse al Milan.

La Juventus fue uno de los destinos más duraderos de un nómada como Amoruso: jugó hasta en trece equipos del Calcio. Destacable fue su paso por la Reggina, donde estuvo tres años (2005-2008) y marcó 17 goles en la temporada 2006-2007. Ganó en total tres ligas con la Juventus y la Vecchia Signora volvió a la final de la Liga de Campeones un año después, cuando perdió contra el Real Madrid, pero no disputó ningún minuto (contra el Borussia salió en el tramo final del partido).

Fue Nicola Amoruso uno de esos delanteros itinerantes del Calcio, que rara vez no cumplían. Vieri se convirtió en uno de los mejores delanteros italianos que ha visto la Serie A, un magnífico goleador al que sin embargo le faltó estar en un equipo en el que aumentar el palmarés. Ambos coincidieron aquella temporada en la Juventus, donde pasaron de secundarios a golear por Europa.

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Gabriel Caballero