Sergej Milinković-Savić


Enumerar todos y cada uno de los equipos con los que se ha relacionado a Sergej Milinkovic-Savic de un tiempo a esta parte y, sobre todo, los que a raíz del Mundial 2018 se unirán a la lista deja a las claras que el futbolista nacido en Lleida no va de farol. A sus 23 primaveras, el internacional serbio ha cuajado su mejor temporada en la Lazio —que terminó la Serie A en quinta posición y no se clasificó para la Champions al perder en la última jornada ante el Inter de Milán, con el que se jugaba el billete europeo— y los pretendientes han comenzado a salirle como si de un atractivo tronista se tratara. De hecho, el no haberse clasificado para la máxima competición continental podría precipitar su salida del cuadro romano, algo nada descabellado a tenor, también, de su brillante debut con Serbia en tierras rusas.

Milinkovic-Savic nació de la unión de un futbolista y una baloncestista: Nikola Milinkovic y Milana Savic. Su padre tuvo una dilatada trayectoria que le llevó a recorrer España. Y fue en el Lleida de Mané, en un cuadro recién ascendido, donde además de conseguir épicas victorias ante Barcelona y Real Madrid, tuvo al mayor de sus dos retoños. El otro, Vanja, nació dos años más tarde, cuando el entonces delantero se desempeñaba en el Ourense. Así, el hermano de Sergej, además de gallego es el actual segundo guardameta del Torino, algo que sus 2.02 metros avalan. Milinkovic-Savic tuvo que conformarse con su 1.92 que lejos de hacerle parecer el típico futbolista tronco, destinado a rematar balones aéreos y tocar lo menos posible el esférico, sirven como complemento perfecto a su amplio abanico de recursos.



Tras dar sus primeros pasos y pases como futbolista en el Grazer AK austríaco, donde su padre apuraba su carrera como futbolista, fue en la FK Vojvodina donde comenzó a desarrollar su talento hasta llegar, en 2013, al primer equipo. Fue precisamente ese verano en el que logró ser partícipe de la Euro2013 Sub 19’ que conquistó Serbia, como también lo sería, en 2015 en la consecución del Mundial Sub’20. Había llegado al Genk un año antes (2014) por cerca de un millón de euros y 24 partidos y 5 goles después hizo las maletas rumbo a la Lazio, que pagó 10 kilos en una operación redonda para los belgas —de cuyas filas han salido cracks como De Bruyne o Courtois—. En la Serie A su zancada, sus regates en una baldosa impensables para un tipo de su estatura y sus llegadas al área partiendo desde segunda línea han ido moldeando unos números que le han catapultado directamente a la agenda de los grandes clubes europeos. 48 apariciones y 14 tantos son sólo la parte estadística de su carta de presentación.

Y es en el Mundial donde puede romper la barrera que separa una revelación de una estrella. Con Serbia, que llegó a destituir a su anterior seleccionador (Slavoljub Muslin) sólo tres semanas después de lograr el pasaporte a Rusia porque no contaba con Milinkovic-Savic —aunque la excusa fue un desencuentro entre el técnico y la Federación—, juega algo más avanzado que en Italia. Lo hace por detrás de Mitrovic —otro nombre a tener en cuenta— y por delante del auténtico alma máter del combinado balcánico, Nemanja Matic. Ante Costa Rica una genialidad de Kolarov dio los tres puntos a los de Mladen Krstajic en el debut. Sergej, como lleva estampado tanto en la camiseta de su club como en la de su selección, cuajó un buen partido y buscó el gol mediante una chilena que detuvo Keylor Navas, aunque la jugada estaba invalidada por fuera de juego —que no era, por cierto—.

Ese desparpajo, esa frescura y esa capacidad para sorprender puede costar, tal y como está el mercado, unos 100 millones de euros. Eso hoy, con el Mundial en pañales. Así, que preparen las carteras quienes suspiren por Milinkovic-Savic. Porque nosotros, mientras tanto, lo disfrutaremos.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.