Decía Buffon en la previa que no había mejor tridente ofensivo que el formado por Salah, Firmino y Mané, declaraciones llamativas de quien es semana tras semana espectador privilegiado de lo que hacen sobre el terreno de juego Mbappé, Neymar y Cavani. Ambos tridentes se enfrentaban en el Parque de los Príncipes en lo que suponía uno de los grandes partidos de esta fase de grupos de la Liga de Campeones, finalista y aspirante y metidos ambos en batalla junto al Nápoles en el grupo más igualado de esta primera fase de la competición. Arropados por el aliento de su público y protagonistas de un partido muy serio en el que apenas dieron opción a su rival, el PSG ha dado un gran paso de cara a la clasificación para octavos tras ganar por 2-1 a los reds, a la vez que deja muy tocado a un Liverpool que tendrá que buscar la machada en la última jornada ante el Nápoles.

Duelo germano en el banquillo de exentrenadores del Borussia Dortmund, que no solo es lanzadera de buenos futbolistas. Tuchel optó por alinear a Kehrer en el lateral derecho por la baja de Meunier y situar a Marquinhos de nuevo en el centro del campo como stopper, medida en su día improvisada y ya habitual ante la falta de un refuerzo en esa zona. No obstante, el ex de la Roma se incrustaba en ocasiones entre la defensa junto a Thiago Silva y Kimpembe cambiando el dibujo de los locales.

El PSG dejó claro desde el principio que quería situarse a los mandos del encuentro y lo hizo bajo la batuta de un Verratti omnipresente y un Di Maria participativo, que no tardaban en conectar con Neymar y Mbappé. No obstante fue un invitado inesperado quien abrió el marcador a los 13 minutos: Verratti metió un balón entre líneas para Mbappé, el delantero galo quiso continuar la jugada de primeras al corazón del área pero se topó con Van Dijk, cuyo despeje a medio camino fue aprovechado por Bernat para marcar el primero con un disparo al que no pudo reaccionar Alisson.



La consigna del PSG parecía clara, volcando el juego en la banda izquierda donde se encontrarían Neymar y Mbappé tratando de crear superioridad en esa zona: no es mala idea juntar a estos dos. Y así fue como nació el segundo tanto de los parisinos: una fantástica combinación entre ambos en el centro del campo dio origen a una cabalgada de Mbappé por la banda izquierda, que buscó a Cavani en el centro del área encontrándose el uruguayo con Alisson. No obstante, Neymar estuvo atento para cazar el rechace y marcar el segundo tanto.

El Liverpool, que había ganado algo de terreno a medida que Verratti tenía menos peso en el juego pero sin crear claras ocasiones, vio cómo el partido se le ponía muy cuesta arriba, sin embargo, Mané encontró petróleo en la última jugada de la primera parte al provocar un evitable penalti de Di Maria en la misma esquina del área. Milner no falló desde los 11 metros y el equipo inglés se fue al descanso con una sensación distinta a lo que sugería el partido.

No obstante, el segundo tiempo no dio pie a una remontada red. El PSG estuvo más contenido que en la primera parte, mientras el Liverpool ganó presencia pero seguía sin inquietar a Buffon gracias al magnífico trabajo de la defensa de los parisinos, con un gran Thiago Silva. De hecho, la mejor ocasión estuvo a cargo del PSG con un cabezazo de Marquinhos que no escoró lo suficiente como para esquivar las manos de Alisson. Buen partido también del hoy centrocampista brasileño.

No se movería el marcador hasta el pitido final, y el PSG celebró la victoria por todo lo alto sabiendo lo importante de la misma: de encontrarse 90 minutos antes en una situación complicada con cinco puntos en cuatro partidos, había pasado a depender de sí mismo con una victoria en Belgrado en la próxima jornada ante un Estrella Roja ya eliminado. También podría valerle otro resultado dependiendo de lo que pase en Anfield, donde el Liverpool deberá ganar por dos goles de diferencia al Nápoles, líder del grupo, en la última jornada. Lo que prometía ser el “grupo de la muerte” no ha decepcionado.

      

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Gabriel Caballero