He de reconocer que cuando leí, hace unos días, que Neymar no estaba cómodo en el Barcelona no le di la mayor importancia. Pensaba que era la típica noticia que sale en verano y cuya única misión no era otra que rellenar algunas páginas de los periódicos. No voy a negar que los motivos me parecían —y siguen pareciéndome, vaya— de chiste, sobre todo partiendo de la base que el brasileño renovó con el conjunto culé hace hoy exactamente nueve meses, poniendo fin a las especulaciones y declarando su amor al Barça hasta por lo menos 2021. ¿Se ha caído Ney de un guindo en todo este tiempo? ¿No sabía que compartía vestuario con Messi? ¿Se ha dado cuenta en este lapso que con el argentino al lado nunca será el número 1? Pues según esas informaciones que parecían carecer de una base sólida, sí. Rotundamente sí.

Porque desde que saltó la bomba, el único que se ha encargado de rebajar los nervios en torno al brasileño ha sido el propio Barcelona, como si tuviese algo que ver en todo esto. Si el PSG quiere pagar los, ejem, 222 millones de euros de la cláusula de rescisión de Neymar y antes ha convencido al ‘11’, ya puede salir uno por uno los directivos barcelonistas a desmentir lo que les dé la gana que Neymar, su padre y los millones, se marchan a París. Y como desde que saltó la noticia no han hecho más que sucederse nuevas informaciones que confirman que el PSG no va de farol, y, sobre todo, Neymar no se ha pronunciado al respecto, todo hace indicar, por mucho que no quiera Bartomeu y compañía, que se avecina el mayor traspaso de la historia del fútbol.



Sí, porque Neymar, a pesar de estar de gira con el Barça por Estados Unidos, ha tenido tiempo de sobra para escribir un tuit, colgar una foto en Instagram o poner que todo va bien en su muro del Facebook y no lo ha hecho. Quien calla otorga y si tan clara tuviese su continuidad, ya habría hablado por alguno de los distintos canales que hoy se manejan a través del móvil. A Neymar se supone que le seduce liderar el proyecto del PSG, no estar a la sombra de nadie, ser el jugador mejor pagado de Europa con una nómina de 30 millones de euros y compartir vestuario con los brasileños del cuadro capitalino, en especial con su amigo Dani Alves. Imagino, también, que ganar la apasionante liga francesa es otro de esos estímulos que le pueden llevar a las órdenes de Emery, si es que lo deportivo tiene algo que ver en esta decisión que, como en su día le llevó al Camp Nou, maneja su padre y representante.

Que el fútbol se ha convertido en un circo, y no sólo por esta operación, no es algo nuevo. El dinero mueve montañas, y si no que se lo pregunten a Villar y compañía, o a los propios Neymar, Messi, Cristiano y demás jugadores con problemas con el fisco. La pela es la pela y donde dije digo, digo Diego. No existe ningún tipo de compromiso, los contratos son papel mojado a la espera que de una oferta más suculenta. Pero es totalmente legítimo: el show se ha montado así y son las reglas que hay. Es curioso, por llamarlo de alguna manera, porque el Barcelona ha estado desde que terminó la temporada tras los pasos de Verratti, con negativa incluida del PSG, y es ahora el PSG el que por arte de magia le puede dejar sin una de sus estrellas. Es la diferencia entre una Liga que tiene cláusulas y otra que no, porque si hoy el Barça se cerrara en banda, Al-Khelaïfi tendría lo mismo que hacer con Neymar que Barto con el centrocampista italiano.

En fin. Superado el ecuador de julio, con agosto en el horizonte y a falta de un mes para que se inicie la competición, Neymar tiene pie y medio en París. El Barça, por mucho que lo niegue, tiene pinta que se tendrá que resignar (por un futbolista que no quiere vender) a ingresar 222 millones de euros, una cifra récord que vuelve a demostrar lo inflado que está el mercado y que invita a pensar o que esto va a ir a más o que va a explotar de un momento a otro. Esperando que Neymar desmienta, el PSG confirme o el Barcelona siga obcecado pensando que el traspaso no se llevará a cabo, se aventuran capítulos muy interesantes del inesperado culebrón del verano.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.