Fue un buen verano para ambos clubes, animadores del mercado gracias a la inversión económica de sus respectivos nuevos dueños con fichajes de tronío y renovadas ilusiones, pero lo que estaba llamado a ser una relación duradera lleva camino de ser un fugaz romance de verano. La última jornada de la Europa League que ambos disputan ha sido un paso más en la decepcionante campaña que el Everton y el Milan están protagonizando, ambos por debajo de lo esperado: no se trataba de contar los partidos por victorias, más aún teniendo en cuenta que tienen plantillas ampliamente renovadas, pero sí de ofrecer una mejor imagen y una evolución en su rendimiento.

Después de años de travesía por el desierto, de estar lejos de la lucha por el Scudetto e incluso de la clasificación para competiciones europeas, la llegada de inversores chinos y de Fassone y Mirabelli como dirigentes trajo consigo un buen número de fichajes a la escuadra rossonera que antes resultaban impensables. Así, cotizados futbolistas como Ricardo Rodríguez, André Silva, Kessié o Çalhanoglu, con Bonucci como inesperada guinda del pastel, llevaron a pensar que Montella, que había cumplido en su primera temporada en Milanello ganando la Supercoppa a la Juventus y devolviendo al club a Europa, tenía mimbres suficientes para hacer un cesto con el que volver a lo más alto.



Pero los resultados no están llegando: el Milan está en mitad de la tabla, con cuatro victorias y cuatro derrotas, incluyendo dos ante rivales directos como la Roma o la del pasado domingo en el derbi ante el Inter, que siempre pesa un poco más. Montella no acaba de dar con la tecla en cuanto al sistema, ya que el cambio a defensa de tres centrales no está dando sus frutos a pesar de la llegada de dos zagueros como Bonucci y Musacchio, y algunos fichajes como el propio ex de la Juventus no están rindiendo como se esperaba. El empate sin goles en San Siro ante el AEK de Manolo Jiménez en la Europa League es un mal menor, pues se habían ganado los dos encuentros anteriores y el equipo lombardo continúa líder de su grupo, pero es un nuevo tropiezo que sigue colocando a Montella en el centro de las críticas.

Everton, de mal en peor

Peor es el caso del club inglés, que después de tres jornadas sólo ha sumado un punto y es último de su grupo por detrás de Atalanta, Lyon e incluso el Apollon chipriota. En la Premier marcha 16º con sólo dos puntos sobre el descenso, lejos de ese salto que esperaban dar con los nuevos fichajes con el que situarse más cerca de los grandes de Inglaterra. Pero los Pickford, Michael Keane, Klaassen, Sigurdsson y Sandro, más el retorno de Rooney, no están teniendo el efecto esperado. En Goodison Park echan de menos, además, a Romelu Lukaku al frente del ataque, pero era de esperar que terminase marchándose a uno de los grandes.

Tiene tarea por delante Ronald Koeman, quien tras sustituir a Roberto Martínez tuvo una buena campaña de debut llevando a los Toffees al séptimo lugar. La derrota en casa ante el Lyon, con lamentable tángana final incluida entre los jugadores de ambos equipos, supone un nuevo tropiezo en una temporada que prometía ser diferente. Quizá lo que necesite Koeman, al igual que Montella, es tiempo para encajar las nuevas piezas al rompecabezas, pero ya se sabe que en el fútbol la paciencia no se estila.

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Gabriel Caballero