Se está hablando mucho del fichaje de Julen Lopetegui por el Real Madrid y no precisamente por sus capacidades como técnico. Más o menos la gran mayoría está de acuerdo con su llegada a Chamartín. Coinciden las voces expertas —y no tan expertas— en que su perfil se asemeja bastante al de su antecesor, un Zinedine Zidane que no acostumbraba a montar numeritos ante la prensa y, sobre todo, un preparador serio que se hacía querer tanto en el vestuario como en la grada del Bernabéu. Hasta ahí todo más o menos bien.

Sin embargo, ha aflorado a 48 horas del debut en el Mundial el debate acerca de la idoneidad del anuncio. Hay opiniones para todos los gustos. Desde madridistas que entienden que hacerlo ahora puede suponer un problema para los integrantes de La Roja hasta culés, antimadridistas o sencillamente aficionados que desde la barra del bar internetera en la que se han convertido las redes sociales —o los blogs, por qué no— creen que se ha pasado de ser favoritos al Mundial a caer en la primera fase. Todo por culpa de Lopetegui. O de Florentino. O del Real Madrid.

Sin embargo, el arriba firmante, después de escuchar y leer con detenimiento gran parte de las posturas, aboga por pensar que el comunicado hizo bien en publicarse ayer. Dejando de lado el hecho de hablar en tercera persona, creo que el calendario obligaba —o casi— a anunciarlo ya.

Lopetegui se mostró exultante —dentro de sus posibilidades— el pasado 22 de mayo cuando rubricaba la ampliación de contrato con Luis Rubiales por el cual sellaba su continuidad hasta 2020. Cabe recordar que los haters también señalaron esa decisión de la RFEF: “¿Cómo se le ocurre renovar a un seleccionador que todavía no sabemos si ha hecho bien su trabajo?”. Esa podría ser alguna de las preguntas en modo edulcorado que se podían entrever entonces.

Dicho esto, el bueno de Julen se las prometía felices: su cabeza estaba centrada única y exclusivamente en la gran cita de Rusia. De hecho, un día antes se dio a conocer la lista de convocados para el Mundial. Entre los citados, ya se sabe, Nacho o Lucas Vázquez, habituales en la Roja. Y entre los descartados, Bartra o Sergi Roberto, al que Odriozola le ganó la partida. Luego, hasta siete sub’21 entre los que se encuentra Vallejo, central de mucha proyección del Real Madrid, y que simplemente fueron llamados para entrenar con la absoluta por la incorporación tardía de los convocados ‘titulares’ que participaron en la final de la Champions League.

El Madrid terminó sumando su Orejona número 13 y la alegría en la casa blanca duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Primero, por la rajada express de Cristiano nada más terminar la final contra el Liverpool; después porque Bale le siguió los pasos. Y finalmente porque Zidane se dejó de amenazas ante los micrófonos y salió el 31 de mayo —sólo cinco días después de sumar su tercera Champions— para anunciar que se le había gastado el amor de tanto usarlo.



Recapitulando: el 21 de mayo Lopetegui da la lista. El 22 renueva con España hasta 2020. El 26 el Real Madrid gana la 13ª. Y el 31 Zidane dimite. A partir de entonces Florentino y su equipo desempolvan la agenda de posibles entrenadores. E —imagino— después de tachar muy a su pesar a Pochettino, quizá a Klopp y de tantear tal vez otro técnico de relumbrón, termina llamando a Lopetegui. Pongamos, hablamos de un supuesto, que desde el adiós de ZZ al sí de Julen tras peinar el mercado pasa una semana, diez días. Y así, sin comerlo ni beberlo, día arriba día abajo, nos situamos en el 10 de junio.

Quedan unos cuatro días para que comience el Mundial. Así que se ha de anunciar cuanto antes. No hay mucho margen, así que se decide lanzar la noticia el 12 de junio, a 48 horas del eventazo futbolero y a 72 del debut de España. Para algunos, habría que haber esperado a que terminara el Mundial. Para los de la misma corriente, que el hecho de llevar a Nacho, Lucas ¡o Vallejo! y de dejar fuera a culés como Sergi Roberto (o Bartra) es debido a que el 21 de mayo, cuando dio la convocatoria 24 horas antes de renovar, Lopetegui ya sabía que Zidane terminaría dimitiendo y él siendo su sucesor. No tiene sentido alguno.

Luego están los que dicen que perjudicará a la Selección. En qué, pregunto. ¿La cita con la que cualquier futbolista sueña desde pequeño se va a ir al traste porque tu seleccionador sea el futuro entrenador del Real Madrid? ¿Se van a dejar ganar los jugadores de Barcelona o Atlético (si es que son ellos los posibles señalados) para perjudicar a su futuro eterno rival en el banquillo? ¡Pero hasta dónde vamos a llegar! Que son profesionales. Y Julen también. Y dudo que ante la maravillosa oportunidad que supone estar en un Mundial prefiera echar por tierra el trabajo de los dos últimos años. De verdad. ¡Que he leído que debería dimitir!

Estoy de acuerdo que el mejor momento no era. Pero dentro de los momentos a elegir, sin duda que lo era. Aguanta si no un mes más de especulaciones en la prensa. ¡Se agotarían los nombres! O que en medio de unos cuartos de final se filtre que va a ser el vasco el nuevo entrenador blanco. O incluso después, a saber si habiendo salido por la puerta grande o la de atrás de Rusia. Cualquier momento, siendo Lopetegui el —curiosamente— seleccionado hubiese sido pésimo. Así que nada, un par de días hablando del tema y luego a centrarse en Portugal. Eso sí, todo lo que no sea ganar el Mundial será culpa de Julen por tener la cabeza en otra cosa, o del Real Madrid por anunciarlo cuando no toca. Ahora bien, como el cielo moscovita vea a Sergio Ramos levantar la Copa el 15 de julio, nos reiremos de toda la bilis vomitada en tiempo récord. This is Spain.

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.