Turín reflejó de nuevo los horrores del Barcelona, una infausta secuela de la inesperada primera parte que se vio en París hace unas semanas, que se resolvió no obstante con un giro final inesperado por poco probable. En esta segunda parte, el protagonista ha sido un misterioso enmascarado que se coló en las entrañas de la fortaleza azulgrana para robarles la victoria y buena parte de la eliminatoria. Pero Paulo Dybala en un héroe poco común: se coloca la máscara cuando ya ha dado forma a su objetivo, oculta su rostro para desvanecerse cuando la multitud ha contemplado su obra. Fue el argentino quien llevó a cabo el plan de la Vecchia Signora para derribar al Barcelona al marcar los dos primeros goles, dejando a los de Luis Enrique sin apenas respuesta. En la segunda parte fue Chiellini, que bien podría pasar por el escudero gigantón y corajudo que acompaña el héroe, quien sentenció el 3-0 para la Juventus que pone muy cuesta arriba las semifinales para el club azulgrana.

Dijo Luis Enrique que fue como revivir una pesadilla. Quizá esa visión recurrente que le atormenta desde aquella noche en el Parque de los Príncipes no le dejó dormir la noche anterior mientras tramaba un plan contra los de Allegri: sus reflexiones derivaron en una fórmula que no le ofreció la solución en Turín. El Barcelona salió con un flexible 3-4-3 que se convertía en una 4-3-3 en defensa: tres centrales, Piqué, Umtiti y Mathieu con el balón, y Sergi Roberto uniéndose a ellos en defensa por el costado derecho. Poco le importaron a la Juventus tales argucias: tenían muy claro el objetivo y cómo llevarlo a cabo. Explotaron el lado izquierdo de la defensa rival, consciente de que allí había una falla en la formación azulgrana. Cuadrado, Alves y un Dybala que se movía por todas partes desde la mediapunta frente a un Mathieu desbordado. No por las mejores o peores características defensivas del francés, sino porque se vio solo ante tal acometida. Así llegó el primer tanto, con una jugada de Cuadrado por la derecha antes de asistir a Dybala, que remató certero con inusitada facilidad pese a encontrarse cerca del área pequeña.

No encontró tampoco mucha oposición un cuarto de hora después, cuando disparó solo desde el borde del área una jugada de Mandzukic por la izquierda. Si el Barcelona estaba teniendo problemas atrás, también los tenía a la hora de sacar el balón con un Mascherano que ocupó con escaso éxito el sitio de Busquets.



No fue la Juventus un equipo que necesitase llevar las riendas del partido, sin embargo lo tenía controlado: le bastaba con mostrarse firme atrás y golpear en el contraataque y el juego por bandas. Le dejó el balón al Barcelona con el 2-0 en el marcador, pero el equipo azulgrana no supo qué hacer con él. Su mejor ocasión llegó, sin embargo, entre el primer y el segundo gol bianconero, cuando un magnífico pase de Messi dejó solo a Iniesta frente a Buffon, pero el arquero italiano, que ya tiene una estrella asegurada en el paseo de la fama, sacó una mano salvadora.

Chiellini da la puntilla

Para la segunda parte, Luis Enrique cambió el dibujo dando entrada a André Gomes por Mathieu regresando así al 4-3-3, pero lo único que cambió fue el esquema. No haría más cambios, sin soluciones en el banquillo y esperando un chispazo de la MSN que no llegaría. A la Juventus parecía gustarle el 2-0, conscientes de que su portería es casi un muro inexpugnable, y sólo buscó el área de Ter Stegen cuando la ocasión fuera propicia. Y lo fue cuando Chiellini se zafó de Mascherano para rematar de cabeza y anotar el tercero.

Tuvo la Juve alguna ocasión más, como un mano a mano que Higuaín erró ante Ter Stegen. El argentino ya había tenido una clara, la primera del partido, pero dirigió su cabezazo hacia el portero alemán. Le sigue faltando al argentino esa gran noche en Europa: la Juventus no se gastó 90 millones en su fichaje para que sólo mostrase su capacidad goleadora en Italia. Mandzukic, que se presumía el otro ‘9’ del equipo, ha encontrado acomodo en la banda izquierda en el nuevo esquema de Allegri, pero el croata sigue fiel a sus principios: guerreó con todo aquel con el que se encontraba a su paso.

No dio la sensación el Barcelona de haber sido tan claramente superado por su rival como en París, quizá por la diferente idea de juego que tiene la Juventus, más proclive a dejar el balón al rival, pero paradójicamente se hace más difícil pensar en darle la vuelta al marcador ante los italianos. Queda por ver el final de esta secuela, pero una vuelta de tuerca al argumento parece, esta vez, un giro poco realista. Veremos con qué nos sorprenden.

Foto | Reuters

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Gabriel Caballero