Hubiese querido volver al Milan para vestir una última vez la rossonera, y dudaba si emprender otra aventura más en China tras su última etapa en Orlando, pero a sus 35 años Kaká ha decidido que es el momento de retirarse. El último Balón de Oro antes del longevo reinado de Cristiano Ronaldo y Messi cuelga las botas dejando tras de sí una carrera que vio su esplendor en San Siro, en aquellos siete años en Italia que lo convirtieron en el mejor jugador del mundo, en el exponente del último gran Milan.

También fue campeón del mundo con Brasil en 2002, en aquella fantástica selección con Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, pero un joven Kaká de 20 años apenas participó en un partido. Ya le habían echado el ojo los grandes de Europa y fue el Milan quien se lo llevó por apenas ocho millones de euros. En un momento en el que solían fichar jugadores veteranos y consolidados como Redondo, Cafú, Rui Costa o Rivaldo, la apuesta por Kaká no pudo salir mejor.

En su primera temporada en Italia marcó ya 10 goles. Ancelotti formaría en su Milan un centro del campo con Pirlo, Gattuso, Seedorf y Kaká en el que habría de todo y no faltaría de nada. El mediapunta brasileño fue, junto a Shevchenko, la pesadilla de toda defensa que tuviese que enfrentarlos. Y sin embargo fue en la temporada 2006-2007, cuando el delantero ucraniano se marchó al Chelsea, cuando vimos al mejor Kaká en aquella Liga de Campeones que ganaría el club lombardo. Especialmente en semifinales, cuando Kaká marcó un doblete vital en Old Trafford ante el Manchester de Cristiano Ronaldo. El segundo fue para enmarcar. El partido acabó 3-2 para los locales y el Milan remató la faena en Italia ganado 3-0, el primero obra del brasileño. En la final, el equipo de Ancelotti se haría con el título ganando 2-1 al Liverpool con doblete de Inzaghi.

Al final de aquel año, Kaká ganaría el Balón de Oro secundado por Cristiano Ronaldo y Messi, dos devoradores de premios que ya acechaban su dorada presa y que la abarcarían durante una década y quién sabe cuánto más.

Kaká era un extremo que jugaba por el centro: la aglomeración de rivales no era un problema para él pues se zafaba de ellos con su zancada, potencia, velocidad y regate, a los que añadía clase, técnica, último pase y gol. Al jugar centrado lanzaba a los delanteros, daba asistencias y se incorporaba desde segunda línea. Un futbolista total que vivió su apogeo mientras las lesiones no se cebaron con él: por sus características necesitaba estar en plena forma.

Cuando Florentino Pérez regresó al Real Madrid fichó al mediapunta brasileño, viejo anhelo del club banco, por 60 millones de euros. Lastrado por las lesiones, nunca se vio al Kaká del Milan en el Bernabéu, sin embargo dejó buenos momentos en sus cuatro temporadas, especialmente en la 2011-2012, en la que jugó con regularidad y marcó ocho goles y dio 16 asistencias. Pero su precio había sido muy alto y las expectativas muy grandes para el que había sido mejor jugador del mundo en 2007.

Regresó al Milan y fue de lo poco salvable (30 partidos y siete goles) en una temporada en la que fue destituido Allegri y empezaba el declive del club rossonero. Al final de aquella campaña sería entrenado por Clarence Seedorf, que había sido su compañero en el terreno de juego. Volvió también al Sao Paulo, donde empezó, y pasó sus últimos años en la MLS con la camiseta del Orlando City, donde se enfrentó a grandes jugadores que también eligieron Estados Unidos para dar sus últimas patadas al balón. Entre ellos otro viejo conocido como Andrea Pirlo.

Al igual que el mismo Pirlo, Francesco Totti, Xabi Alonso o Philipp Lahm, 2017 ha sido el año de la retirada de varios de los mejores jugadores de su generación. El último ha sido Kaká: para el recuerdo quedan sus galopadas sobre el césped de San Siro.

En NdF | Pirlo y Kaká

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Gabriel Caballero