No ha cambiado la Lazio de entrenador: no es una de esas situaciones en las que un club cambia de técnico y un jugador condenado al ostracismo renace con la llegada de un nuevo inquilino al banquillo que confía en sus cualidades. Sin embargo, esta temporada es completamente distinta para Luis Alberto respecto a la anterior: de ver los partidos en la grada a ser la principal e inesperada novedad en la lista de Lopetegui para la selección española. El centrocampista español se ha ganado la confianza de Simone Inzaghi y es junto a Ciro Immobile uno de los principales artífices de la buena temporada de la Lazio.

Simone es el pequeño de los Inzaghi, antaño buen delantero de los que hacían plantilla y respondían cuando se les necesitaba, y que pasó buena parte de su carrera en el club romano. No alcanzó la fama de Filippo, uno de los grandes arietes transalpinos de las últimas décadas, pero su carrera como técnico ha comenzado prometedora. Primero sustituyó a Pioli al final de la temporada 2015-16, y el pasado año hizo lo propio con Marcelo Bielsa tras la repentina espantada del argentino, molesto por la falta de refuerzos. La Lazio protagonizó una buena temporada, concluyendo quinto y logrando una plaza para la Europa League.

Se complicaron las cosas en el mercado de verano: el equipo vendió a algunos de sus pilares y apenas reinvirtió los ingresos en nuevos fichajes. Así, Keita Baldé, tras meses de rumores que lo vinculaban a los grandes de Italia, puso rumbo a Mónaco a cambio de 30 millones de euros. El defensa holandés Wesley Hoedt hacía lo propio con destino Southampton por 17 millones, y por un precio similar, Lucas Biglia formaba parte del nuevo proyecto del Milan. Para reemplazarle en el centro del campo llegó Lucas Leiva tras varios años en Liverpool, además de Felipe Caicedo y Nani procedentes de la liga española y el carrilero derecho montenegrino Adam Marusic.

El más difícil todavía para Inzaghi, pero la respuesta fue óptima: victoria en la Supercopa ante la Juventus, a la que derrotó por 2-3. De nuevo la Juventus perdía este título ante el subcampeón de Copa tras haber conquistado el doblete, pues anteriormente le había ocurrido con el Milan. Para ese partido, el técnico de Piacenza ya había encontrado la base de su nuevo XI: Lucas Leiva llevaba el timón en lugar de Biglia y el español Luis Alberto se erigía como una de las principales novedades como mediapunta, unos metros por detrás de un Ciro Immobile que continuaba en el club tras los 23 goles de la temporada anterior.



Luis Alberto, que llegaba a Roma en los últimos instantes del mercado de verano de 2016, había tenido dos cesiones consecutivas en Málaga y La Coruña tras no encontrar su sitio en el Liverpool. Criado en la cantera del Sevilla, debutó con el primer equipo hispalense antes de formar parte del Barcelona B. De ahí pasó a Anfield Road. En Riazor había completado una buena campaña en el ataque deportivista junto a Lucas Pérez, y en el Lazio apostaron por él en el último instante cuando el plazo para inscribir jugadores ya se agotaba. Su primera temporada en Italia fue complicada: apenas entró en los planes de Inzaghi, pero poco a poco se estaba adaptando y ahora es, con 25 años, uno de los mejores argumentos de su equipo.

Situado por delante de Lucas Leiva, Parolo y Milinkovic-Savic, y unos metros por detrás de Immobile, el futbolista gaditano se encuentra como pez en el agua entre líneas. Desde ahí puede hacer prevalecer su toque, su visión de juego, su capacidad para retener el balón y su último pase. Es un jugador que encaja en la propuesta de la selección española, y es por ello que Lopetegui quiere verlo de cerca junto a los Iniesta, Thiago, Isco y compañía. Quizá su falta de velocidad fue lo que le impidió sacar a relucir sus virtudes en un fútbol tan rápido como la Premier League, donde apenas dispuso de oportunidades con la camiseta del Liverpool.

Immobile, goles y asistencias

Y en la punta de ataque, Ciro Immobile. Su progresión fue meteórica, con el título de capocannoniere de la Serie B en aquel Pescara de Zeman junto a Verratti e Insigne, y dos años después de la Serie A con el Torino. Probó suerte en la liga alemana con el Borussia Dortmund, pero ni en el conjunto germano ni un año después en Sevilla se vio a ese devorador de goles que era en Italia. Tras media campaña en el Pizjuán regresó al Toro, donde recuperó los goles, y en el mercado de verano fichó por la Lazio para marcar esos 23 tantos antes mencionados.

Esta campaña se está superando a sí mismo: con 14 goles en 11 partidos es el líder en la clasificación de la Bota de Oro por delante de Messi, Falcao o Paulo Dybala. Además, es el jugador que más asistencias (6) ha dado hasta el momento en Italia. Su capacidad de definición, su oportunismo y su velocidad en los últimos metros serán, si nada raro ocurre, una de las principales bazas de Italia en el próximo Mundial (siempre y cuando la Azzurra pase la repesca ante la complicada Suecia).

Todo esto se traduce en el mejor inicio de temporada en la historia de la Lazio, con sólo una derrota y un empate concedidos en los primeros once partidos. Superando, incluso, a aquella histórica Lazio (era otra Serie A, eso sí) en la que estaban Nesta, Claudio López, Hernán Crespo, Simeone o Poborsky, y de la que también formaba parte Simone Inzaghi. Y a pesar de todo ello marcha cuarta en la tabla por detrás del líder Nápoles, Inter y Juventus: así de reñida está la cabeza de la clasificación en el Calcio. Mientras, en Europa ya tienen el billete a la siguiente ronda de la Europa League tras ganar los primeros cuatro partidos de la fase de grupos, incluidos los dos ante el Niza de Sneijder y Balotelli. Y eso que, hasta el momento, no han podido contar por lesión con el brasileño Felipe Anderson, una de sus estrellas, pero esta Lazio parece que puede con todo.

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Gabriel Caballero