Uno ve los partidos de Francia y saca dos conclusiones rápidas: no ha hecho un partido brillante y no le ha hecho falta. Y no es que el rival se lo ponga fácil o sus encuentros sean sencillos, pero la sensación que da la selección gala es que ha ido pasando rondas sabiendo hacer lo justo y necesario para derrotar a sus rivales, sabiendo cuál es el plan y cómo ejecutarlo. Sin excesos pero también sin errores. La victoria por 1-0 ante Bélgica ha sido otro ejemplo más de pragmatismo, de cómo neutralizar al rival y aprovechar alguna que tengas para clasificarte. Ya están en la final, y no es ninguna sorpresa.

Sólo ante Argentina en octavos dio la impresión de que tuvo que pisar el acelerador, cuando se dejó remontar el tanto inicial de Griezmann e hizo después lo propio con un golazo de Pavard y un Mbappé desatado. Pasó la fase de grupos sin apuros, supo frenar el ímpetu uruguayo en cuartos y en semifinales no se dejó sorprender en ningún momento por una selección de Bélgica dueña de un afilado contraataque. Ni siquiera un Hazard en estado de gracia, otra vez protagonista de un gran partido, pudo derribar el muro galo.

Deschamps conoce bien lo que tiene y ha sabido sacarle punta. De los 35 o 40 seleccionables que tenía antes del Mundial dejó alguna que otra ausencia sonada como la de Rabiot, pero para el excentrocampista de la Juventus no había cabida para un estilista entre el músculo que quería para su selección: prefirió a N’Zonzi como recambio para un centro del campo inamovible con Pogba, Kanté y Matuidi. Recuperación, fuerza y llegada no exentas de calidad. Especialmente destacable es el caso de Kanté, cuyos partidos son una clase tras otra acerca de la labor de un mediocentro defensivo.



La lesión de Koscielny antes del Mundial no supuso un problema teniendo en cuenta que la de Varane y Umtiti es la mejor dupla de centrales del torneo. Por si fuera poco, madridista y barcelonista han visto puerta con goles vitales en cuartos y semifinales. Las dudas en los laterales las resolvió Deschamps con dos de las revelaciones del Mundial: Pavard en la derecha y Lucas en la izquierda. Un Lucas Hernández que tuvo que suplir a Filipe en el Atlético por su lesión y acabaría convirtiéndose en el ‘3’ de Francia en el Mundial.

Y por si todo ello falla, Hugo Lloris. El portero de un grande sabe que tiene que actuar en contadas ocasiones, pero hacerlo con solvencia. Y es lo que hizo el portero del Tottenham en cuartos ante Uruguay con una parada antológica a Cáceres y otra a Alderweireld en semifinales.

Y si Lloris evita los goles, Mbappé y Griezmann los propician. Los dos mayores talentos del equipo tienen como compañero de faena a Giroud, la ventana que hace que Griezmann y Mbappé tomen aire, el jugador que hace mella en la defensa para que ambos puedan crear, uno con su clase y otro con su descomunal potencia y velocidad.

La de Francia es una máquina perfectamente engrasada en la que cada pieza conoce perfectamente su función. La única de las favoritas que llegó a semifinales y que ya está en la final esperando rival para pelear de nuevo el título que alzó en 1998.

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Gabriel Caballero