Primero nos sorprendimos de la cantidad de buenos futbolistas que estaban saliendo de Bélgica, una generación única en la que destacaban Hazard, Lukaku, Kevin De Bruyne, Witsel, Vertonghen, Courtois, Mertens… Muy buenos jugadores en un país que llevaba ya muchos años, desde los tiempos de Enzo Scifo, sin hacer ruido a nivel de selecciones, convertida en comparsa en las grandes citas si es que llegaba a ellas. Con estos buenos futbolistas de ahora nos preguntábamos cuándo romperían en equipo importante, pero vimos un conjunto anárquico con grandes individualidades y nulo sentido del colectivo. La llegada de Roberto Martínez, técnico español desconocido por estas fronteras y de éxito en Inglaterra, pretendía cambiar esa dinámica, y Bob ha dado con la tecla adecuada hasta tal punto de que los Diablos Rojos han alcanzado las semifinales después de vencer, nada menos, a una de las grandes favoritas como era Brasil.

Después del susto ante Japón en octavos, partido que nos regaló la gran remontada del Mundial hasta el momento con un agónico triunfo en el descuento por 3-2 ante una selección nipona que no lo puso nada fácil, Bélgica no quería pasar tantos agobios y se puso con 2-0 en el marcador a la media hora de juego, pero esta vez ante Brasil, la de Neymar, Coutinho y compañía, con todo su arsenal ofensivo pero con una pieza menos en las calderas de vital importancia como era Casemiro, uno de esos jugadores que no se hacen notar tanto cuando están pero lo hacen sobre todo cuando no están.



Bélgica explotaba una y otra vez ese contragolpe que tanto acusó Japón y que tan bien domina este equipo, que ha hecho de la salida rápida un arte. Jugadores como Lukaku, Hazard y De Bruyne están como en el salón de su casa trazando la línea hacia la portería rival a velocidad de vértigo. Y con la baja del centrocampista brasileño encontraron más huecos aún para ejecutar la contra. Fue su sustituto, Fernandinho, quien tuvo la mala fortuna de marcar en propia puerta el primero. El segundo corrió a cargo de De Bruyne con un gran disparo lejano.

Pero no estaba Brasil por la labor de marcharse de Rusia sin más, y en el segundo tiempo cambiaron las cosas: Tite acertó con los cambios, y Douglas Costa y Firmino se dejaron notar más que Willian y Gabriel Jesús. La canarinha mostró su calidad y encerró a Bélgica en su área, fue entonces cuando surgió la figura de Courtois, porque el equipo de Roberto Martínez también tiene portero y es uno de los grandes. Sólo Renato Augusto, que entró por Paulinho, pudo con el meta del Chelsea a un cuarto de hora para el final, añadiendo aún más emoción a un partido vibrante.

El gran momento para el empate estuvo en las botas de Neymar, cuando un buen disparo suyo desde el borde del área fue despejado por un inmenso Courtois con una parada de portada. Era el descuento y en los guantes del portero belga se difuminaban las esperanzas brasileñas. Cayó de pie una de las grandes favoritas, dejándose todo hasta el final pero sorprendidos por una Bélgica que tiene poderosos argumentos y, ahora sí, sabe aprovecharlos. Les espera Francia en semifinales en lo que promete ser otro gran duelo.

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Gabriel Caballero