Mundial 1966: Inglaterra se corona con polémica



Los inventores del fútbol ya pueden gritar a los cuatro vientos, la pelota es mía y somos los mejores. Pero Inglaterra ha conquistado el Mundial que ha organizado con la sospecha merodeando en cada decisión. Demasiados sucesos raros han rodeado al torneo, con sus protagonistas concretos: el perro Pickles, el futbolista argentino Rattín y sobre todo, los nombres de muchos árbitros que no se olvidan. El gol -o no gol, en función del pasaporte- de Hurst ha sido la acción más decisiva por el significado y el contexto, pero no la única. Inglaterra ha sido favorecida desde su designación como anfitriona hasta en sus sedes y sus horarios durante el campeonato.

inglaterra-Alemania

Los tantos no tardaron en llegar a los hogares de los millones de telespectadores vía satélite. Haller se aprovechó de un fatal despeje de la defensa inglesa. El balón le quedó franco al delantero alemán dentro del área y no desperdició la ocasión. Haller ha terminado el campeonato con seis goles, sólo superado por los nueve del portugués Eusebio. Pero Alemania empató también en despistes. Booby Moore lanzó rápido una falta centrada y Hurst se benefició del desconcierto defensivo del rival para rematar de cabeza sin oposición. El partido entró en una fase de fútbol plano, en la que la intensidad neutralizó al talento. Hasta que comenzó el duelo entre los porteros de ambas selecciones. Banks y Tilkowski demostraron las cualidades que atesoran. El inglés, ágil y ligero;  y el alemán, sobrio y contundente. Overath y Seeler sucumbieron a la espectacularidad de las paradas de Banks. Y Hurst y Hunt se estrellaron contra el muro de hormigón de Tilkowski.

En la segunda mitad, Inglaterra basó su juego en la velocidad y movilidad de Ball, que realizó un encuentro prodigioso. En Alemania, Beckenbauer lideró a su selección con una jerarquía aún imberbe. Inglaterra creyó suyo el campeonato cuando Peters anotó de un remate a bote pronto el 2-1. Entonces, la selección local replegó filas y atrincheró a sus futbolistas y usó las contras como arma, aunque de manera ineficaz. Y cuando la Reina Isabel II comenzaba a incorporarse ante el inminente final del encuentro, Alemania empató por medio de Weber.

WORLD CUP-1966-ENGLAND-GERMANY

La prórroga espoleó a los locales, que generaron más ocasiones en unos minutos que en toda la segunda mitad. Pero esas acciones se topaban de nuevo con el plomo en los guantes de  Tilkowski, que abortó con dos grandes intervenciones los disparos de Ball y Bobby Charlton. Pero el acontecimiento que lo cambiaría y lo agitaría todo sucedió en los últimos cinco minutos del primer tiempo extra. Mientras el árbitro y su asistente decidían el campeonato, el resto del mundo transformó la división planetaria de los hemisferios por los votos del sí y del no, pero sin lograr un consenso inmediato. Con dos excepciones muy evidentes: para Inglaterra era un rotundo ‘yes’, mientras que Alemania clamaba por el ‘nein’.



Ball asistió desde la derecha al área, donde Hurst realizó un excelente control orientado de espaldas, con el que realizó el giro necesario para lograr una ventaja fundamental ante Schulz, uno de los testigos directos de lo paranormal. El delantero del West Ham disparó fuerte y arriba, mientras caía al suelo. El golpeo fue tan duro y a tan corta distancia, que ni siquiera Tilkowski pudo despejarlo. La pelota se estrelló en el larguero, bajó, tocó el césped y finalmente salió en dirección al juego. Incluso Weber despejó de cabeza a un córner que nunca se lanzaría. En ese momento, la incertidumbre se adueñó de Wembley. El suceso da para una  adaptación de la célebre frase del Hamlet de Shakespeare: gol o no gol; esa es la cuestión. Mi modesta opinión resulta tan inútil que me marcaré un gallego: a veces parece gol, y otras veces no. Pero eso sí, la mayoría de las veces parece que nein.

golfantasma

El árbitro, el suizo Gottfried Dienst, se acercó a su asistente, el soviético Tofik Bakhramov y ambos se comunicaron en un lenguaje universal: el del miedo escénico. Mientras Wembley rugía, los futbolistas ingleses hacían la cobertura con una presencia intimidante. Los jugadores alemanes eran sombras para el dúo arbitral. El linier no vaciló en ningún momento: era gol, la pelota había atravesado por completo la línea. La afición local respiró aliviada mientras que los futbolistas alemanes mostraron su enfado con otro tipo de lenguaje, el de la indignación y la ira, pero seguro que en un alemán muy cerrado. Inglaterra celebró el tanto, cuya asistencia de gol se le puede otorgar sin dudas al público de Wembley.

La fatiga, los mareos, los nervios y el cansancio del descanso de la prórroga se trasladaron al terreno de juego. Inglaterra defendió la renta con una calma tensa porque Alemania lo intentó, pero sin un peligro contundente y amenazador. Y en la última jugada del partido, con un rival ya entregado, Hurst cerró el Mundial con el cuarto tanto de su selección. El delantero inglés disparó con más precisión para disipar todas las dudas: zurdazo por la escuadra. Geoff Hurst es el primer jugador en marcar tres goles en una final de un Campeonato del Mundo y cierra así un torneo maravilloso, en el que no participó en los tres partidos de la fase de grupos.

Moore

Inglaterra conquistó en casa el ansiado título de campeón del mundo, pero lo hizo con el acecho de la polémica en momentos decisivos. Demasiadas dudas, especialmente en la acción del tercer tanto inglés. Quizás dentro de unos años, este tipo de jugadas quede como un recuerdo glorioso para los ingleses y como un fantasma para los alemanes porque se logró solucionarlas por medio de la tecnología.


FICHA DEL PARTIDO

Inglaterra: Banks; Cohen, J. Charlton; Moore, Wilson; Stiles, B. Charlton, Peters; Ball, Hunt, Hurst.

Seleccionador: Alfred Ramsey.

Alemania Federal: Tilkowski; Höttges, Schulz, Weber, Schnellinger; Beckenbauer, Overath; Haller, Seeler, Held, Emmerich.

Seleccionador: Helmut Schoen.

Goles: 0-1, Haller; 1-1, Hurst; 2-1, Peters; 2-2, Weber; 3-2, Hurst; 4-2, Hurst.

Árbitro: Gottfried Dienst (Suiza).


 

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Joaquín Rueda