Mundial 1982: Éxtasis histórico de fútbol en el Sánchez-Pizjuán



Cuando Hrubesch anotó el definitivo penalti que clasificaba a los germanos para la final del Mundial, el partido entre Alemania Federal y Francia dejó de ser presente para convertirse en leyenda. Quizás sólo el Maracanazo de hace 32 años se acerca a lo vivido en Sevilla. Y tan sólo porque el desenlace entre Brasil y Uruguay se produjo en un majestuoso contexto y el desenlace fue tan inesperado que dejó mudo al propio Jules Rimet. Pero en fútbol, en su esencia pura, éste Francia-Alemania Federal es insuperable. Porque fue la eliminatoria soñada, eso sí, para el hincha neutral. Para aquel que disfrutó tanto con la remontada francesa, que parecía suficiente, como con el empate de Fischer en los últimos minutos de una prórroga legendaria. Para las aficiones alemanas y francesas el encuentro fue una bendita locura. Un sinvivir de sentimientos contradictorios que hará ricos, finalmente, a los psicólogos franceses, que deberían comprar algunos divanes de más. Porque Francia tuvo tan cerca la final que la derrota literalmente duele. Y lo que es peor, esta eliminatoria amenaza con repetirse, una y otra vez, en forma de pesadilla cuando algún francés, aún perturbado por el resultado, cierre los ojos en busca de un sueño ya imposible.

El duelo lo protagonizaron héroes y villanos, pero destacó la figura del guardameta alemán Toni’ Schumacher, que encarnó incluso ambos papeles principales. Porque fue héroe patrio al detener dos penaltis en la tanda final y villano para Francia por esas dos paradas, pero especialmente por la acción que dejó fuera de combate a Battiston. Schumacher ya protagonizó dos encontronazos con Amoros y Six en la primera mitad. El portero de Alemania se siente cómodo en el enfrentamiento y en la disputa pero su ímpetu rozó la tragedia en la segunda parte.

El drama se gestó en el minuto 62 cuando Platini avistó el desmarque de Patrick Battiston, que había sustituido a Genghini tan sólo diez minutos antes. El defensa francés descifró las intenciones de su compañero de club y selección. La pelota quedó sin dueño cuando salió de las botas de Platini, pero con una pequeña ventaja para Battiston, que descodificó el mensaje y se aprovechó del espacio interior que ofrecía una pasiva defensa alemana. La pequeña ventaja quedó reducida a la oscuridad cuando se topó con las intenciones de Schumacher. El jugador del Saint-Étienne logró rematar, pero el portero germano midió muy mal su salida y no evitó, o no pudo, el fatal y brutal encontronazo con Battiston. Schumacher golpeó con la cadera la cabeza del futbolista francés, que cayó fulminado al césped. Tan sólo dos personas en el Sánchez-Pizjuán no interpretaron la gravedad de lo ocurrido: el propio Schumacher y el árbitro, el holandés Corver, que ni siquiera sancionó la acción: saque de puerta. El guardameta alemán, mientras Battiston yacía inmóvil e inconsciente en la hierba, se limitó a esperar, como impaciente o como nervioso; y a juguetear con la pelota, como indiferente o como miedoso y temeroso por lo que acababa de ocurrir.

Alemania Federal creó más fútbol en los primeros veinte minutos que en toda su vulgar segunda fase del campeonato. El conjunto de Jupp Derwall mantuvo el control en el inicio del encuentro, con grandes combinaciones, sobre por todo por la banda derecha y creó peligro a balón parado con la precisión de Kaltz. Alemania no dudaba en disparar de media distancia y así acumuló ocasiones, especialmente Littbarski que antes del gol disparó primero desviado y después al larguero tras una falta que pilló a Etorri despistado mientras aún colocaba a sus compañeros en una barrera que ya no servía para nada. Pero apenas superado el primer cuarto de hora, el futbolista del Colonia no desaprovechó la oportunidad de desequilibrar el encuentro. Breitner sorteó a rivales por el centro y asistió a Fischer, que no pudo rematar en las condiciones idóneas porque Ettori fue más rápido para taponar el disparo. El rechazo se dirigió a Littbarski que desde la línea del área de penalti remató cruzado, raso y con precisión para esquivar a los defensas, y a Ettori, desubicado por la acción previa.

Francia intentó voltear la situación con el juego interior de Platini, Genghini y Giresse. El conjunto galo aumentó su intensidad y el empate llegó de penalti. Karlheinz Förster agarró de forma clara a Rocheteau en una jugada a balón parado. Platini, que ya ha anunciado que jugará en la Juventus la próxima temporada, no erró la oportunidad.

Tras el empate, Breitner asumió la responsabilidad del juego de su equipo. El centrocampista se convirtió en el líder y en la referencia de Alemania y aparecía por cualquier zona del terreno de juego. El encuentro entró en un período sin tregua hasta el descanso. Alemania dominaba  mientras Francia aprovechaba los robos de balón en zonas comprometidas y lanzó contras peligrosas. Platini disparó cruzado y Littbarski cabeceó muy centrado en la última acción del primer tiempo.

La segunda mitad estuvo marcada por la superioridad francesa y por el lance entre Schumacher y Battiston. Estremeció  la imagen de Platini agarrando la mano de su compañero desvanecido mientras abandonaba el terreno de juego en camilla. Francia había agotado en 10 minutos los dos cambios permitidos y tendría que afrontar, todavía sin saberlo, el resto de un partido que aún se alargaría con una épica prórroga y una definitiva tanda de penaltis. A partir de entonces, parte del público, aún conmovido por el suceso,  abucheó cualquier acción del juego en la que el aliento de Schumacher se acercase a la pelota. Platini dirigió con batuta de líder a su equipo, que dotó al juego de mayor intensidad. En la penúltima acción de la segunda mitad, ya en el minuto 90, Amoros estrelló un precioso disparo lejano en el larguero. Alemania defendió con bastante brusquedad los ataques continuados de los galos. Tan sólo en los últimos quince minutos, el conjunto germano se acercó con peligrosidad al área rival. Briegel lanzó y Ettori, muy bien posicionado, logró despejar el balón.  Pero pese a todo, la última oportunidad del partido fue para Alemania. Ettori abortó en dos ocasiones la última bala alemana. Primero despejó un duro disparo de Breitner y después reaccionó con rapidez para sacar la pelota del área cuando Fischer fantaseaba con convertirse en héroe nacional.



Ya en la prórroga, Francia mantuvo la inercia de la segunda mitad y tuvo tan cerca el sueño de la final como reflejaba el marcador a los diez minutos del tiempo extra. La selección de Michel Hidalgo anotó dos goles en un inició arrollador. Primero Trésor remató completamente solo dentro del área y con contundencia una falta lateral botada por Giresse. Los equipos se entregaron a una tregua de la que Francia salió favorecida en un primer momento. Alain Giresse aumentó la distancia con un excelente disparo desde fuera del área que golpeó además en el poste. El futbolista del Girondins anotó el gol de su vida, pero tendrá que convivir hasta el final de la misma con la sensación contradictoria que provocó el desenlace final. Antes del tercer gol francés, Jupp Derwall recurrió a Rummenigge. Y el delantero alemán tan sólo necesitó 5 minutos para voltear una situación límite. Rummenigge recortó distancias en una acción que comenzó él mismo en el centro del campo. La jugada basculó hacia la izquierda y Littbarski asistió al delantero del Bayern que se anticipó a la defensa y al portero franceses para rematar algo forzado. El tanto estimuló a los alemanes y empequeñeció a los franceses. El empate se gestó de nuevo en el eléctrico juego de Pierre Littbarski. El jugador del Colonia fue decisivo en los tres tantos de su selección. En el tercer gol de Alemania centró al área donde Hrubesch prolongó al centro y Fischer remató en una acrobática y meritoria chilena. Alemania se sintió poderosa y entendió que en ese momento del partido los penaltis favorecían a una Francia a la que la prórroga ya le quedaba grande. La selección francesa apenas inquietó a Schumacher. Los germanos aplastaron en intensidad a su rival pero no lograron el cuarto tanto que hubiera evitado los penaltis.

En la tanda de penaltis, ‘Toni’ Schumacher se hizo gigante. Hasta el tercer lanzamiento alemán, la ronda marcaba pleno de aciertos. Giresse, Amoros y Rocheteau no erraron para Francia; y Kaltz y Breitner tampoco para Alemania. Fue el germano Stielike el primero en convertir su cabeza en un torbellino de pensamientos deprimentes. Pero Schumacher rescató a su compañero del agujero al centro de la tierra al que quería desaparecer en ese momento. El portero germano declaró nulo el error de Stielike porque paró el penalti a Six. Al centrocampista francés ya nadie lo pudo liberar de su fallo, ni siquiera Ettori, demasiado blando en la tanda. Littbarski completó su memorable encuentro con el empate a tres. Las estrellas de ambas selecciones no defraudaron. Platini y Rummenigge obligaron a ampliar la nómina de valientes para lanzar en la ronda seis. Y en esta ronda es en la que quedaron grabados los decisivos nombres de los vencederos y los vencidos. Schumacher adivinó y atajó el lanzamiento de Bossis. Hrubesch no falló y sólo a partir de ese momento Stielike dejó de pensar en una vida entera de penitencia con una carga insoportable y se fundió en un abrazo infinito con Schumacher, su peculiar ángel de la guarda.

Alemania luchará por un campeonato al que hasta ésta bendita apoteosis le hizo mucho daño. Primero porque superó la fase inicial con un bochornoso y premeditado tongo que permitió que alemanes y austriacos se clasificaran juntos mientras cantaban y tocaban la guitarra  alrededor de una hoguera fumando una insalubre pipa de una paz vergonzosa. Argelia, que incluso derrotó (2-1) a la propia Alemania Federal, fue la selección perjudicada por la pantomima.  El planeta fútbol tuvo cómo capital mundial durante 90 minutos la ciudad de Argel. Y después porque en la segunda fase fue el conjunto menos malo del mediocre trío que formó con ingleses y españoles. Pese a todo,  en la final ya le espera la Italia del rehabilitado Paolo Rossi (5 goles en los últimos 2 encuentros), que llega extasiada tras superar en la segunda fase los insuficientes poemas futbolísticos de Brasil y derrotar con solvencia en semifinales a Polonia, que como en 1974 no ha podido alcanzar la final. Mientras, Francia lamenta la oportunidad perdida. El Mundial de Colombia 86 (presiones de la FIFA mediante) queda tan lejos que ni siquiera la próxima Eurocopa en suelo patrio parece suficiente anestesia para desterrar el dolor hasta entonces.


FICHA DEL PARTIDO

Francia 3-3 Alemania Federal (4-5 en la tanda de penaltis).

Francia: Ettori; Amoros, Bossis, Janvion, Tresor; Platini, Giresse, Tigana, Genghini (Battiston 50′ sustituido por López 60′); Six y Rocheteau.

Seleccionador: Michel Hidalgo (FRA).

Alemania: Schumacher; Breitner, Briegel (Rummenigge 97′), Karl-Heinz Forster, Bernd Forster, Kaltz; Dremmler, Stielike, Magath (Hrubesch 73′); Fischer y Littbarski.

Seleccionador: Jupp Derwall (ALE).

Goles: Littbarski 17′, Platini 26′ (p), Trésor 92′, Giresse 98′, Rummenigge 102′ y Fischer 108′.

Árbitro: Charles Corver (HOL).


Sobre el autor Ver todos los posts

Joaquín Rueda