Crecí entre alegres rombos en el centro del campo, figuras geométricas que encerraban mediocentros que tenían como tarea defender y organizar a la vez, nada de dobles ni triples pivotes, mediapuntas con el 10 a la espalda que jugaban detrás de dos delanteros, uno para rematar y otro para moverse por alrededores, genios como Raúl o Roberto Baggio que no eran ni nueves ni dieces, sino todo lo contrario. Ese rombo también existía en el 3-4-3, una fórmula más osada y atrevida, que podía suponer un desastre defensivo si no se daba con la tecla o significar la gloria si se tocaban las notas adecuadas. Se prescindía de un defensa y se jugaba con dos extremos, que suponían las alas del delantero centro. Un equipo así tenía que ser un como un reloj en el que cada pieza funcionase a la perfección, algo que Louis Van Gaal consiguió con un grupo de chavales del Ajax a los que llevó a lo más alto de Europa. Ahora, 26 años y 20 títulos después, el técnico holandés pone punto y final a su carrera en los banquillos por motivos familiares.

Todos los caminos se juntaron en un determinado momento para que aquel Ajax hiciera historia: la tradición holandesa del fútbol total con la Naranja Mecánica como espejo, un grupo de futbolistas que nació en la cantera del Ajax con aquella idea en la cabeza y en las botas, y algunos veteranos que esperaban en el primer equipo para guiar a los que venían. Van Gaal llegó al banquillo ajacied en 1991, y ya conoció la gloria europea al levantar un año después la Copa de la UEFA al derrotar en la final al Torino de Martín Vázquez. Era aquel un equipo muy diferente al que alcanzaría el techo continental tres años después: ahí estaban los centrocampistas Wim Jonk o Aron Winter, el extremo Brian Roy y, principalmente, un joven Dennis Bergkamp que ya llamaba la atención de todos. En ese equipo ya aguardaban como titulares Danny Blind y Frank de Boer ante lo que estaba por llegar…

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En esos tres años, Van Gaal construyó una máquina cuasi perfecta. A ella se unió Frank Rijkaard, que tras hacer historia con el Milan regresó a Ámsterdam para terminar de la mejor manera posible en el lugar donde empezó. De la cantera fueron llegando Van der Sar, Reiziger, Bogarde, Ronald de Boer, Seedorf, Davids, Overmars, Kluivert… una generación irrepetible. Por si fuera poco, el acierto en los fichajes de jugadores fuera de Holanda poco conocidos fue certero: llegaron Finidi y Kanu de su Nigeria natal, lo mismo que Jari Litmanen de Finlandia. Todos ellos se adaptaron a la perfección al sistema de juego de Van Gaal, un esquema ofensivo pero en el que el orden jugaba un papel primordial: la ocupación de espacios, el repliegue, las ayudas defensivas y la permutación de posiciones tan propia del fútbol total eran tan importantes como el juego rápido y la velocidad que eran capaces de imprimir al balón.

Todo tenía que funcionar a la perfección, y la consecuencia fue la Liga de Campeones levantada en 1995 ante el Milan de Fabio Capello con un gol del jovencísimo Patrick Kluivert. El continente se rendía de esta forma ante un equipo que pasaría a la historia, y que el año siguiente volvería a la final aunque esta vez los penaltis les privaron del título ante la Juventus de Alessandro Del Piero. Un Supercopa de Europa y una Intercontinental, amén de títulos locales y exhibiciones como la del Bernabéu o la del 5-2 al Bayern completaron el palmarés y el hueco en el recuerdo de aquel Ajax de Van Gaal.

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Quizá la trayectoria posterior a su etapa en Ámsterdam no fuera tan brillante (difícil era), pero los éxitos le acompañaron durante toda su carrera, algunos realmente meritorios. Barcelona parecía el lugar ideal tras salir del Ajax por la idiosincrasia del club tras la etapa de Cruyff, pero no consiguió repetir los éxitos del Dream Team ni de su Ajax. No obstante los títulos llegaron y levantó la Liga, Copa y Supercopa de Europa en su primer año, repitiendo título liguero en el segundo. El suyo fue posiblemente el mejor Barcelona entre Cruyff y la reconstrucción de su otrora pupilo Rijkaard, además, quizá, del año de Robson y un espectacular Ronaldo.

De Barcelona, además de alguna que otra frase para la historia en rueda de prensa, queda en el recuerdo su complicada relación con Rivaldo y su posición en el campo, pero con el técnico holandés, el brasileño levantó el Balón de Oro. También dio la oportunidad a Xavi y Puyol en el primer equipo: su trabajo con la cantera siempre dio sus frutos. Hasta el Camp Nou se llevó a varios de los jugadores con los que había triunfado en el Ámsterdam Arena como Reiziger, Bogarde, Frank y Ronald de Boer, Kluivert y Litmanen, además de otros compatriotas suyos como Cocu, Hesp y Zenden. No obstante, y a pesar de que algunos como Frank de Boer y Kluivert triunfaron como azulgranas, no logró armar un equipo como el que había maravillado a Europa, como si aquel hubiera sido el ecosistema perfecto para ellos.

Tras una breve etapa como seleccionador holandés (lo mejor de su etapa en la Oranje llegaría años después) regresó al Camp Nou donde se reencontraría con Overmars, pero fue destituido tras 30 partidos en un momento difícil para el club. Aun así le dio tiempo para hacer debutar en el primer equipo a Víctor Valdés e Iniesta.

Tras un par de años alejado de los banquillos aceptó la propuesta del AZ Alkmaar, al que entrenó durante cuatro temporadas logrando ganar la Eredivisie en su último año, algo que el modesto equipo holandés sólo había conseguido una vez, en 1981. Todo un hito que le valió el fichaje por el Bayern de Múnich, que buscaba recuperar el cetro local cedido ante el Wolfsburgo y volver a ser un grande de Europa. Logró las dos cosas: conquistó la Bundesliga y llegó a la final de la Champions, algo que los bávaros no conseguían desde hacía nueve años. No obstante, el Inter de Mourinho se cruzó en su camino.

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En 2012 regresó a la selección holandesa con el reto del Mundial de Brasil en el horizonte. No era tarea sencilla: poco se parecía aquel equipo al que Van Marwijk había llevado a la final en Sudáfrica. Con un equipo repleto de jóvenes que empezaban a destacar en Holanda más algunos veteranos como Van Persie, Sneijder, Kuyt y Robben, en el debut despejó las dudas tras imponerse a la campeona por 5-1 en aquella aciaga tarde para la selección española. Para el recuerdo, el cambio efectuado antes de la tanda de penaltis en cuartos ante Costa Rica, cuando introdujo a Krul por Cillessen: el guardameta del Newcastle paró dos lanzamientos. En semifinales, no obstante, Argentina derrotó a la Oranje y finalmente los de Van Gaal obtuvieron un tercer puesto tras derrotar a Brasil en la final de consolación: un tercer lugar para el que muy pocos contaban con Holanda.

Su última parada en los banquillos sería en Old Trafford con la imponente tarea de disipar la alargada sombra de Sir Alex Ferguson en Manchester, pero los resultados no le acompañaron en la Premier, aunque añadió un último título en su carrera al ganar la FA Cup. En Inglaterra siguió fiel a su estilo y dio la alternativa a la cantera: así, Jesse Lingard y un jovencísimo Marcus Rashford debutaron con el primer equipo de los Red Devils.

Ofertas no le han faltado, como una millonaria propuesta del fútbol chino, pero a sus 65 años ha decidido poner punto y final a su dilatada y fructífera carrera en los banquillos. Su legado permanece.

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Gabriel Caballero