Quaresma al más puro estilo Quaresma

Quienes me han seguido a lo largo de estos años en NdF deberían saber, y si no, ya lo descubro ahora, la extraña predilección que tengo por Ricardo Quaresma. Un superclase, a mi entender, echado a perder por las aún más extrañas vicisitudes de su truculenta carrera. En resumidas cuentas, para quienes no sepan de quién se trata, se podría decir que su centelleante talento, surgido de la inagotable escuela del Sporting de Portugal, prometía a este deporte tardes gloriosas y protagonismo desmesurado para la década que ya hemos dejado atrás. La historia es así: tras Figo, vino Simao, tras éste, Quaresma, y, luego, Cristiano Ronaldo o Nani. Todos salieron de Lisboa con el mismo propósito y similares expectativas, pero sólo los elegidos de la lista que todos conocemos, quizá tocados por esa barita mágica que reparte justicia en el fútbol y que no mide el éxito por la calidad, sino también por la regularidad, ambición y persistencia, han llegado a marcar las diferencias y una época. En ella no se encuentra Quaresma. Básicamente, porque no ha querido.

Su paso por el Barcelona, con la vitola de nuevo Figo que también lastró a Simao, fue fugaz. Pero en el Oporto, sin medias tintas, se salió. Y maduró, o eso parecía. Porque cuando se le quedó pequeña la liga portuguesa emprendió de nuevo ese salto al vacío que pone de manifiesto la evolución de un jugador. Y ahí, Ricardo, se la pegó. Primero en Italia, donde en el Inter de Milán se las pasó viendo vídeos de su etapa en Do Dragao, rememorando esos momentos que fue incapaz de repetir y que le valieron para ser designado peor fichaje de la temporada. Distinciones absurdas en muchos casos pero que en algunos otros se ciñen con la realidad. Ni marcharse a préstamo al Chelsea, con la solera de la Premier, reavivó su fuego, destinado a apagarse con sólo 25 años y la responsabilidad de saber que su segunda salida de Portugal le costó al Inter casi 25 millones de euros. Dinero que, lógicamente, no amortizó.



Por aquel entonces Quaresma no sabía que su golpeo de trivela, ese que le hizo protagonizar chicharros al alcance de muy poquitos, y, sobre todo, sus mejores años como jugador, ya los había vivido. En el Besiktas, en un campeonato de menor nivel, con Schuster en el banquillo y hasta con Guti de compañero, se convirtió en un ídolo no exento de polémica. En 2011 protagonizó un altercado con el exrealista Nihat en medio de un partido porque éste le reclamaba que no fuera tan individualista. El tema terminó con el bueno de Nihat abandonando la disciplina otomana a final de temporada. En fin, cuesta abajo y sin frenos, o al menos amparado por sus destacadas apariciones en Estambul, su carrera en la elite del fútbol europeo se detuvo, parecía que de forma permanente, en el Al-Alhi, al que llegó en 2013 y en el que permaneció seis meses de manera discreta, lastrado por una lesión que únicamente le permitió jugar diez partidos y marcar dos goles.

En verano se quedó sin equipo y fueron muchos los destinos que sonaron para reclutarle, de nuevo, en el Viejo Continente. Pero ninguno fructificó. Ni siquiera con el Atlético, con el que parecía tener un vínculo casi obligado verano tras verano pero que nunca llegó a fraguar. De promesa a crack, de crack a medianía y de medianía a Quaresma. Una involución que resume el sentir de quienes de alguna manera nos sentimos contrariados ante una carrera que prometía mucho y que, por cuestiones tal vez más relacionadas con su actitud que con su aptitud, le han convertido en el estereotipo de jugador abstracto. Ya con 30 años, la mejor noticia le llegó durante el pasado mercado de invierno: su regreso al Oporto. Para él, una oportunidad —una más— de reencontrarse consigo mismo, pero con la ventaja de saber que como portista es como más brilló y que si no reincide ahora, probablemente nunca lo hará. Para nosotros, o al menos para un servidor, por la posibilidad de poder volver a visualizar golazos como el que firmó anoche ante el Eintracht de Frankfurt. Quaresma al más puro Quaresma. Seis años después.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.

  • Loro

    Grandisimo jugador que siempre me gusto. Siempre me pareció mejor que Nani y Simao pero claro, la cabeza y la actitud son básicas en el fútbol. Me hubiera gustado verle en un equipo grande con un entrenador que hubiera sacado lo mejor de él, que era mucho. Una pena que jugadores con este talento se queden en nada.