Los focos sobre Isco

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Dijo Ancelotti hace unos meses que pretendía hacer de Isco su nuevo Seedorf, quien tantas alegrías le diera en su etapa como técnico milanista. Parecía una empresa complicada para el joven futbolista malagueño, que peleaba por hacerse un hueco en un equipo madridista repleto de estrellas, pero aquello tenía su lógica: en su día, Seedorf tenía una enorme calidad que siguió demostrando durante años pero que le costaba poner al servicio del colectivo, y ese fue su principal hándicap en el Real Madrid, donde recuerdo se negaba a jugar en la banda derecha: él quería estar en el centro. Ancelotti logró que, sin perder un ápice de su clase, trabajase además para su equipo escorado en el costado izquierdo de aquel primoroso centro del campo junto a Pirlo y Kaká, y también Gattuso. Salvando las distancias, a Isco le bastó su talento para triunfar en el equipo de su tierra y llevar en volandas a la selección Sub21, pero le hacía falta algo más para destacar en el Real Madrid y en la selección absoluta. Hoy, la incorporación de su talento a las necesidades del equipo está propiciando que destaque de tal manera que muchos focos están hoy sobre su dorsal.

Si entonces Ancelotti quiso darle un empujón, hoy Del Bosque quiere que tenga los pies sobre la tierra, algo por lo que se ha llevado algún palo que otro. Tras el buen partido jugado ante Bielorrusia, con golazo incluido que definió visualmente lo que es un tanto por la misma escuadra, parecía claro que se llevaría todos los halagos posibles, pero Del Bosque quiso matizar que “había jugado muy bien”, aunque había “querido jugar demasiado fino”. Rara es una palabra más alta que otra en el discurso del técnico salmantino, y mientras todos señalaban a Isco como poco menos que la gran y última esperanza del fútbol español, parece que la prudencia de Del Bosque no fue bien recibida, quien se supone tenía que sumarse a la euforia general. Elevar a los cielos a un futbolista por un buen partido y descenderlo a los infiernos por otro malo, nada nuevo. Isco es uno de los futbolistas de los que más se espera e ilusiona en esta época de transición en la selección, pero no le señalemos tan pronto como aquel que debe volver a guiar a la selección hacia lo más alto, por ahí andan todavía Iniesta, Busquets, Silva, Cesc, Ramos… más la nueva hornada que está llegando.

En el Real Madrid la historia es distinta, y en la selección mundial que conforma el equipo blanco, Isco debe aún ganarse un sitio indiscutible en el once a pesar de haber mostrado su talento y efectividad en numerosas ocasiones, como en Anfield Road. Digamos que hay doce titularísimos en el Madrid (trece si tenemos en cuenta la puja por el centro de la defensa), y a Isco le costará hacerse un hueco en el once con todos sanos y en forma, y en los partidos de más enjundia, todos querrán ser de la partida desde el primer minuto (aunque la reciente lesión de Modrić modifica el panorama para los dos próximos meses). Lo que sí ha conseguido el futbolista andaluz es ganarse a la afición, casi como si tuviese el estatus de canterano. Me explico: entre tanto fichaje millonario de cifras desorbitadas, da la impresión en el Bernabéu de que Isco es ese chaval que pelea por ganarse un puesto entre tanta estrella, a pesar de que en su día costó 30 millones, que no son pocos. Pero si algo ha demostrado con la camiseta blanca es que puede ser muy importante a base de talento y trabajo, y de él lógicamente se esperan grandes cosas, pero nunca está de más un poco de prudencia en estos casos, esa que faltó cuando Sneijder se convirtió en el nuevo Di Stefano y Özil iba a ganar el Balón de Oro.

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Gabriel Caballero