Don Juan Carlos Valerón: gracias, mil gracias y hasta siempre



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Cuando te despiden de todos los estadios con aplausos. Cuando tus excompañeros te piden tu camiseta y presumen de ella como un tesoro impagable. Cuando tus rivales se quitan el sombrero a tu paso. Cuando tus compañeros no pueden contener las lágrimas con tu marcha. Cuando tu afición te espera hasta las dos de la madrugada para darte las gracias y decirte adiós… Cuando todo eso confluye en la misma persona, no cabe duda: eso es que eres grande, muy grande.

El sábado pasado Don Juan Carlos Valerón Santana (Arguineguín, Gran Canaria, 17 de Junio de 1975) jugó sus últimos noventa minutos vistiendo la camiseta del Deportivo de La Coruña, el club del que ha formado parte en las últimas trece temporadas. No pudo despedirse como le habría gustado, dejando al Depor en Primera, pero en Riazor nadie, absolutamente nadie le criticará por ello. No éramos pocos los que confiábamos en un último toque de la varita del Mago de Arguineguín, pero era un deseo, una petición, un ruego; nunca una exigencia.

DSC_0010.JPGCon él acaba una era en el club herculino. Pero no sólo se le echará de menos en A Coruña. Valerón es un futbolista querido y respetado en toda España, como hemos podido comprobar en numerosas ocasiones estos últimos años, siempre despedido entre aplausos en todos los campos. Y es que el Flaco representa como nadie un estilo que está en serio peligro de extinción.

Valerón ha sido un mediapunta clásico, un Diez de los de antes, un asistente como los que ya no quedan, pero antes que por todo eso, Don Juan Carlos es admirado por su calidad como deportista, por su grandeza como persona. Nunca dio una patada fea, jamás faltó al respeto a un contrario y, mucho menos, a una afición rival. Siempre cortés y considerado con el contrario hasta un nivel inimaginable: ¿cuántas veces le hemos visto pedir perdón al rival que le acaba de dar una patada por haberse dejado caer en vez de seguir? Eso no lo ha hecho nadie más. Sólo Valerón.

Valerón es un producto de la rica cantera canaria, concretamente de la de la UD Las Palmas. Desde allí se marchó a otra Isla, la de Mallorca, donde jugó la temporada 1997-98. Las dos siguientes campañas las pasó en el Atlético de Madrid, donde vivió su primer descenso a Segunda, en el año 2000. Sin embargo no llegó a jugar en la División de Plata porque en ese último verano del milenio fichó por el flamante campeón de Liga, el Deportivo de La Coruña.

En el equipo herculino ha sido protagonista de una época dorada, junto a Fran, Mauro, Donato, Makaay, Tristán, Luque, Víctor, Molina… La Copa del Centenariazo, dos Supercopas, cinco años seguidos disputando la Champions League. Fue en Europa donde Valerón firmó sus mejores exhibiciones, como aquel partido sublime en que asistió a Makaay en dos de sus tres goles para ganarle 2-3 al Bayern München, aquel otro contra el Arsenal, en el que la afición gunner honró al Depor despidiéndole con aplausos ¡en el descanso! o, cómo no, esa increíble remontada al Milan. Eso por nombrar sólo tres, porque la lista es larga: Madrid, Manchester, PSG, Juventus…valeron-celebra-gol-rf_75758



El Flaco es uno de esos jugadores de los que, como Guardiola, Redondo o Xavi, no puedes conocer su verdadera dimensión tirando de YouTube o hemeroteca. Sólo viéndole jugar muchos fines de semana durante años puedes llegar a hacerte una idea de lo grande que es. Si a eso le añadimos cómo resistió con respeto y estoicismo al ostracismo al que le condenó un entrenador que no merece ni la mención, Valerón tuvo que ver como a sus 35 años el Depor caía a Segunda. Hizo una promesa, devolver a Primera al Depor. Y la cumplió, dirigiendo al equipo en 39 partidos en la Liga Adelante. Este año, ya con 37 primaveras, a punto de cumplir 38, ha jugado 33 partidos, una cifra que no alcanzaba en Primera desde la temporada 2004-05.

Como decíamos al principio, Valerón no ha podido retirarse del Deportivo con una alegría. A falta de saber si sigue jugando en otro equipo o si finalmente decide retirarse, lo que ha dejado claro es que no podía seguir en A Coruña. Los últimos años le han quemado, aunque él, siempre pensando en el club antes que en sí mismo, no ha querido contar de forma explícita qué es lo le ha dejado sin energías. Pero lo podemos suponer: para un tipo como El Flaco no ha debido ser nada fácil lidiar como segundo capitán con los continuos problemas que han tenido los jugadores del Depor para cobrar. Entre ese desgaste y que en estos dos últimos años se le debe haber caído la venda que tenía en los ojos respecto a Lendoiro, deben estar las principales razones para que, después de trece años, Valerón haya decidido dejar el Depor.

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Sea como fuere, algo se ha muerto en el corazón de todo deportivista. Si ya no éramos pocos los que llorábamos el descenso, las lágrimas se multiplicaron en Riazor al ver que el resto de la plantilla branquiazul se echaba a un lado para dejar a Valerón  solo y unirse a la grada para despedirle como se merecía, entre unánimes, agradecidos y emocionados aplausos. Era un secreto a voces, pero ese gesto de sus compañeros confirmó la peor de las noticias: el Mago de Arguineguín pisaba por última vez el césped de Riazor.

Para acabar, dejadme que os cuente una realidad en la que he reparado hoy mismo. En Riazor nunca se cantó Valerón, quédate. Nunca. Aun ante los rumores de su más que probable despedida, se siguió cantando el Valerón, Valerón de siempre, un cántico ni en pasado ni en futuro, sino en presente. No he visto a un solo deportivista, ya sea in situ o por la tele, pedirle al Flaco que se quede. Por el contrario, en A Coruña se ha recibido su decisión con un respeto absoluto. Eso es algo a tener en cuenta: nadie entre toda la afición le ha querido pedir nada más, sino que la reacción, general y espontánea, ha sido la de darle las gracias por todo. Me parece algo verdaderamente extraordinario.

¿Cuántos futbolistas pueden haber estado trece años en un mismo equipo sin ser canterano del mismo e irse sin que nadie, absolutamente nadie, le pueda reprochar nada? Más que un simple futbolista, Valerón es, en sí mismo, una oda al fútbol. Pasarán décadas y generaciones y la simple mención de su nombre seguirá inspirando veneración y respeto. Por todo lo que has hecho, Flaco: gracias, mil gracias y hasta siempre.

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Bruno Sanxurxo