Antoniu



Antoni-Ramallets

Sucede, en este mundo que gira tan deprisa, que hasta que alguien no logra una aparente hazaña no sabemos que antes hubo alguien que la acarició o incluso la logró primero. Sucede, por ejemplo, con Víctor Valdés y Antoni Ramallets: cuando el actual portero del Barcelona logró por quinta vez ser el portero menos goleado de la Liga echamos la vista atrás para recordar que 52 años antes lo había conseguido ‘El gato de Maracaná’ defendiendo la misma elástica. En color, en HD si quieres, pero a ambos se les puede atribuir el mismo éxito. Es entonces cuando caes en la cuenta de lo que han dado al fútbol jugadores como Ramallets, de los que nos hablan nuestros abuelos, y que nos los pintan como semidioses. No les falta razón: ser el mejor guardameta un lustro, o ser al menos el que menos tantos recibe, tiene demasiado mérito como para contarlo como mera anécdota. Y la actualidad sirve para refrescar recuerdos que muchos de nosotros, las nuevas generaciones, ni tan siquiera hemos vivido.



Sirva este post como tributo a un señor que nos dejó el martes a la edad de 89 años y que forma parte de la historia de este deporte que tanto ha cambiado, aunque la meta sobre el campo siga siendo la misma. Ramallets fue un portero tan singular que jugaba con rodilleras y sin guantes. Inimaginable en un fútbol tan profesionalizado y meticuloso como el ahora que, quizá —no lo sé— obligue a los cancerberos a proteger sus manos. Su nombre comenzó a sumergirse en la historia tras una destacadísima actuación contra Chile en el Mundial de 1950 —famoso por el ‘Maracanazo’—. Todavía era un embrión de lo que terminaría siendo, pero cuentan las crónicas de entonces que su debut fue lo más destacado de una España que acabó venciendo por 2-0 y que acabó aquella cita, en Brasil, cuarta. Ese mismo día el periodista Matías Prats (padre) le bautizó como el ‘El gato con alas’ tras una gran estirada que le catapultó hacia la titularidad. Buceando por YouTube he encontrado la crónica de aquel partido, una joya.

Con el Barça había debutado un año antes, en 1949, con 25 años y porque Velasco, el titular por entonces, sufrió una lesión ocular. Tras dos años siendo suplente, no desaprovechó la oportunidad que se le presentó hasta el punto de ser uno de los protagonistas del Barça de las Cinco Copas, vencedor entre 1951 y 1953 de dos ligas y tres copas, y empezar a escribir su nombre con letras doradas en la historia culé. Se retiró con 38 años y con una única espina clavada: no haber levantado la Copa de Europa. Fue contra el Benfica de Eusebio, en Berna, cuando en 1961 los barcelonistas golpearon hasta en cinco ocasiones la madera portuguesa. Los lisboetas llegaron cuatro veces y marcaron tres goles, el segundo de ellos cargado de desgracia para ‘Antoniu’. Desde entonces se sustituyeron los palos cuadrados por los cilíndricos que aún hoy perduran, como también perdura su recuerdo en una institución que ayer le rindió un merecido homenaje. Si el fútbol es tan grande hoy, es gracias a gente como él. Ramallets.

Foto | As

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.