Hubo un momento en el que los voceros, los mismos que habían pronosticado, por ejemplo, que el Barcelona no remontaría ni de coña contra el PSG, veían zarandearse sus ilusiones. Fue concretamente cuando Griezmann acertó desde los once metros y situó el 2-0 en poco más de un cuarto de hora. Se le ponía al Atlético de Madrid un escenario perfecto, seguramente ni soñado, con el que afrontar el resto de partido con la esperanza de igualar la eliminatoria y dar un golpe casi mortal ante el Real Madrid.

El Atlético había entrado al partido enchufadísimo, sabiendo que le iba la vida en ello. Era su último gran partido en el Vicente Calderón, más calderón que nunca, y querían ofrecer su infatigable hinchada una noche mágica. Lograron dibujar esas mariposas en el estómago con un inicio brutal que pilló a su rival a contrapié, como el que ve venir un alud y es incapaz de reaccionar. Al chicharro de Saúl a los doce minutos se unió el de su estrella en el 16’. Todo iba a pedir de boca.

Pero fue a partir de ese momento, precisamente en el que los rojiblancos debían dar el toque de queda e igualar la contienda, cuando decidió que era momento de nadar, guardar la ropa y esperar el momento oportuno para lograr el tercero. La intensidad con la que los hombres del Cholo Simeone habían salido al terreno de juego seguramente fuese improrrogable los 75 minutos siguientes, pero fue justamente cuando dejó de pisar el pie del acelerador cuando se comenzó a torcer la cosa.

Isco, Modric… y Benzema

El Real Madrid, de la mano de un Isco superlativo al que nadie fue capaz de robarle la pelota cuando ésta alcanzaba sus botas, fue poco a poco sintiéndose más cómodo sobre el verde, llegando con cada vez más asiduidad al área de Oblak, con un Modric que como el andaluz, leyó a las mil maravillas cómo había que jugar en ese instante. Repuesto del doble mazazo inicial, fue echando atrás a los locales, cuya estrategia se fue al limbo cuando Benzema, el que nunca hace nada, recibió una pelota que pocos imaginaban que terminaría en el fondo de las mallas.

Y menos cuando delante tenía a Godín, Savic y Giménez, los tres centrales colchoneros, el tercero de ellos reconvertido a lateral ayer. Se fue de los tres en un movimiento al más puro estilo Mago Pop. A primera vista era incapaz ver el truco, pero es lo que tiene la varita del francés. Apareció cuando menos se le esperaba, cedió a Kroos, que chutó para que el rechazo del portero lo aprovechara cómo no Isco, que ya ha informado a Zidane que por muy en su casa que esté Bale en Cardiff, él se merece estar en el XI.

El 2-1 cuando faltaban unos minutos para el final de la primera parte terminó prematuramente con el sueño colchonero. Que sí, que hasta el rabo todo es toro y que el PSG encajó tres, los que necesitaba para llegar a la final de la Champions League, en otros tantos minutos. Pero el pescado estaba todo vendido. En la segunda parte el Madrid se encargó de no repetir los errores de la primera, a hacer valer la goleada en el Bernabéu y a ganarse el derecho a pelear por la duodécima Orejona de su historia.

Al Atlético le queda la sensación, quizá, que con el 2-0 otro gallo podría haber cantado si hubiese mantenido la intensidad del primer cuarto de hora. También le queda el aliento de una afición que se desgañitó del primero al último minuto, pero también la amarga impresión que por enésima vez el contendiente ciudadano le deja a medias en su camino. Siempre a punto de todo. Siempre muriendo en la orilla. Y que por insistencia, el fútbol no está siendo del todo justo con él.

El próximo 3 de junio el Real Madrid se medirá a la Juventus en busca de lo que nadie hizo nunca: reeditar la máxima competición continental. Un rival que, como era de esperar, llegará pletórico a Cardiff y que este curso aspira al triplete. Los de Allegri, con Dani Alves en su segunda juventud, con un Buffon que es como el buen vino y con futbolistas de la talla de Higuaín, Dybala o su particular BBC defensiva, tratarán de vengar a quienes perdieron ante el Madrid en la Séptima.

Fotos | Real Madrid / El País

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.

  • apertotes

    Además de intensidad, en los primeros minutos el Atleti dio palos por todos lados. Creo que en cuanto el árbitro empezó a sacar tarjetas los de Simeone le vieron las orejas al lobo. Eso facilitó mucho que el Madrid dominara el balón.

    De todas formas, quince minutos así en Gales, y el Madrid se queda sin duodécima. Espero que Zidane logre cambiar algo.