El Real Madrid ganó la Liga el pasado domingo, ponle que a las 21:50 horas ya se sabía oficialmente que era campeón. Un título logrado con todo merecimiento porque por algo ha sido el más regular a lo largo de 38 largas jornadas en las que su máximo competidor, el Barcelona, ha fallado lo suficiente para quedarse a sólo tres puntos de los blancos. Es curioso porque al día siguiente en las editoriales, columnas de opinión y demás puntos de vista que se podían leer en distintos medios, todos coincidían: el Barça no se merecía esta Liga. Si la hubiese ganado en la última jornada, ¿hubiesen dicho lo mismo? ¿O elogiarían la heroicidad de lograrla en el último suspiro cuando todos lo daban por muerto?

Volviendo al tema del campeonato doméstico cosechado por el Real Madrid, me llama la atención y creo que no es la primera vez que me sucede, la velocidad a la que transcurren los hechos y la escasa relevancia, dentro lógicamente del ámbito deportivo, en la que se pasa página. Me tragué todas las horas de emisión de la celebración blanca. Primero, durante la noche del domingo al lunes. Los blancos viajaban desde Málaga a la capital para hacer un alto en el camino en el Bernabéu, subirse al autobús descapotable y ofrecer así a los miles de aficionados que se agolpaban en la Cibeles el ansiado título.

Dicho y hecho, así fue. Los jugadores hicieron acto en la Diosa, a la que se subieron con unas escaleras perfectamente preparadas, Sergio Ramos dio un par de voces, alguien hizo referencia a Piqué —para que de algo tengan que hablar ciertos medios — y querida afición, si te he visto, no me acuerdo. Ese título que tanto dedican a la afición ante las cámaras no se ve reflejado después, cuando la tienen enfrente a pesar de que al día siguiente es lunes y seguramente todos tengan que trabajar. La escena se repitió al día siguiente, básicamente ayer.

En este caso el Real Madrid campeón ofreció el título al Ayuntamiento. Los jugadores cuando se bajaban del autobús eran recibidos por Cristina Cifuentes, que encantada daba besos a todos los miembros de la expedición blanca. Alrededor de la una-dos del mediodía, miles de personas tostándose al sol para tratar de captar con su móvil algún instante de ese desfile de cracks. Tras hablar Florentino y la citada Cifuentes un texto que alguien le escribió, se suponía que los jugadores se asomarían al balcón para ofrecer la Liga a los miles de madridistas que llevaban hasta paraguas para evitar la tremenda solera.

Sale Ramos, como capitán, dice cuatro palabras y se canta algo y cede el testigo a Ronaldo, que tira de su mítico “Siiiuuu”. Tras el portugués, todos se quedan afónicos. Como Lucas Vázquez, o a otros simplemente no les apetece. Según los comentaristas de Real Madrid TV, “muchos jugadores no están acostumbrados a hablar ante tanta gente”. Vale, sí. Después de ese festival de parlamentos que brilla por su ausencia, un micrófono en en el interior del Ayuntamiento se acerca a Morata para hacerle las preguntas típicas del momento y vuelve a agradecer a la afición, micro en mano y ante el canal oficial de su club, todo el apoyo mostrado. Pero cuando la tiene delante, cuando la oportunidad de brindar a los suyos el título está a huevo, pasa de ella. Tanto él como el resto de plantilla, a excepción de los dos citados anteriormente.

Un par de portadas y a otra cosa, mariposa. La celebración de la Liga se ha hecho pensando en la Champions, para la que todavía quedan dos semanas y de la que nadie asegura al Real Madrid que vaya a salir campeón para volver a salir por las calles de Madrid a no se sabe bien qué. Hoy los titulares, cuando ni siquiera han pasado 48 horas de la 33ª Liga del Real Madrid, son para Vinicius, que oficialmente es ya jugador madridista. 38 jornadas, con sus entrenamientos, ruedas de prensa, portadas y demás historias para que la velocidad de vértigo a la que va todo se lleve por delante una Liga tan merecida, pero a la sombra de la Champions, que la afición ha disfrutado con mucho calor, pero no de los suyos precisamente.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.